Sr. Tomate en la Estación Provincial


Fotos: Perro que ladra.

Lxs chicxs de Sr. Tomate se presentaron el viernes 14 de abril en la Estación Provincial de La Plata. La excusa del encuentro fue la presentación de un nuevo videoclip, realizado por el sello audiovisual Parquee, para la canción “Barco de cobre”, material de su último trabajo Augurio (2015). Para quienes no pudieron estar en la proyección del videoclip, que fue acompañada por un show para viejxs y nuevxs seguidores, aquí podrán ver una cobertura fotográfica.

 

 

El año que vivimos en peligro


“El 2001” quedó marcado a fuego en el discurso público como paradigma de una época. Fue el fin de un modelo, al menos en su faceta económica. Una recesión que había comenzado en 1998 detonó en los principales centros urbanos del país, con revueltas populares y saqueos. 39 personas fueron asesinadas en los días posteriores. El reclamo generalizado del “que se vayan todos”, y los que no se fueron.


2001_a2001_cfin-2001

 

Juliana Huxtable: Diseñadora de mundos/pantallas ucrónicas


Desde Nueva York, Juliana Huxtable lleva adelante sus ideas a través del arte: de performer hasta gestora cultural, su punto de partida es su propia vida como mujer trans de color e intersex y su curiosidad. Nicolás Cuello, historiador de arte y activista, se entrevistó con Huxtable para saber cómo lleva adelante su trabajo.

image

 

Juliana Huxtable explora todas las dimensiones comunicativas que están a su alcance: como performer, artista visual, poeta, dj y gestora cultural, esta artista oriunda de Texas se posiciona actualmente como una figura ineludible en los escenarios internacionales del arte contemporáneo. En su trabajo, se imbrica una serie de políticas críticas en torno a los modos posibles en que la contemporaneidad y los flujos informativos permiten el ejercicio de diseños corporales, de mundos distópicos y futuros posibles, de comunidades imaginarias post-identitarias, de la revalorización de la cultura y la resistencia negra, la yuxtaposición y el sampleo de signos de la cultura online, de las redes sociales, de los memes, y de un uso de su cuerpo como forma de exploración y materialización de esas formas radicales de imaginación.

Con su más reciente exposición como parte de la Trienal de Arte del New Museum de Nueva York —curada por Lauren Cornell y Ryan Trecartin— como disparador de esta charla, también hablamos con Juliana sobre los efectos y las posibilidades que abre este momento en el que su trabajo, historia y experiencias de vida como mujer trans de color e intersex han tomado visibilidad en un mercado global del arte que actualmente rectifica esas experiencias de vida manteniéndolas en un borde permanente de inclusión/especulación/sobrexposición.

 

image

 

Recientemente tu trabajo cobró un marco de visibilidad internacional bastante extendido en el circuito del arte contemporáneo, pero antes de preguntarte algunas cosas específicas de este momento que estás viviendo, me gustaría que charláramos sobre el camino que te trajo hasta este presente que se mueve tan rápido. ¿Cuáles fueron las experiencias que te condujeron a llevar una práctica expresiva como la que hoy te ocupa? ¿Qué tipo de relación tuviste con los sistemas de educación? ¿Tuviste algún tipo de formación especifica en arte, o se trató de formas autogestionadas vehiculizadas por el deseo? ¿Creés que tu identificación de género y tus expresiones tuvieron/recibieron alguna actuación diferenciada en tu experiencia vinculada a instituciones artísticas?

Mi relación con el arte provino por fuera de la formación institucional. Tomé clases de arte en Bard, mientras cursé mis estudios secundarios pero tan sólo duré pocas clases y luego decidí abandonar la educación en arte. Definitivamente estoy influenciada por ciertos marcos teóricos – Fui a Bard, y estaba obsesionada con las teorías de Bataille, Deleuze y Guattari, Irigaray, Butler, Fanon y otr*s. Pero, en realidad, me considero autodidacta en lo que se refiere a mi práctica específica como artista. Fue gracias a mi propia curiosidad, y a una necesidad fundamental de hacer arte, que aprendí a trabajar mis ideas, a resolverlas y darle forma en textos, sonidos, y visualmente. Creo que la tecnología me ofreció una manera económica y democrática de acceder a ideas, buscar y vincularme con episodios de la historia del arte que fueran relevantes para mi propia práctica, y también conectarme con otr*s artistas. Mi género es una parte de quien soy, y eso naturalmente encuentra su lugar dentro de mi trabajo, pero no creo que pueda hablar de algunas prácticas más generizadas que otras. Creo que la pregunta puede ser mejor pensada si nos enfocamos en cómo ha sido distribuido/circulado mi trabajo y de qué modo cobró visibilidad: definitivamente fue influenciado por comunidades de personas que valoran perspectivas que, incluso si no trabajan de manera explícita sobre el género, la raza, etc., lidian con esas encrucijadas como formas de crear prácticas. Personas como Kimberly Drew, de Black Contemporary Art, o l*s artistas/escritor*s detrás de Metropolarity fueron parte de una red de micro-comunidades, agregador*s y personas que estaban construyendo sus propias instituciones, formas de distribución, y utilizando las redes sociales como plataformas/herramientas de liberación y de producción de arte crítico. Todo arte es reflejo de l*s artistas, incluso por ausencia o restricción, y el género es parte de eso.

image

 

¿Qué lugar ocupa o cuán importante ha sido para tu trabajo tu experiencia colectiva y colaborativa con las fiestas Shock Value y tu vinculación con The house of Ladosha? ¿Sentís que se pudo crear una escena más abierta para la circulación del trabajo (como DJs, performers, gestor*s, poetas, etc.) de personas trans, queer y de expresiones de género no binaria, y de color? ¿Cómo sigue este proyecto hoy en día?

Mi relación con la vida nocturna, y con lo que Shock Value significa para mí, creo que ha quedado claro. Todavía trabajo en fiestas, y espero que siempre, aunque se dé en un menor grado, sea parte de mi vida, porque es donde encuentro gran cantidad de mis influencias.
Actualmente sólo organizo Shock Value de manera ocasional, ya que Nueva York no es el lugar más fácil donde encontrar lugares para organizar una fiesta de este tamaño (¡Ha crecido de una manera que radicalmente superó mis expectativas!)

Además, ahora estoy muy concentrada en mi trabajo como artista. Cada vez que puedo organizar una nueva entrega de la fiesta es porque se trata de un proyecto que toma curso porque siento que es necesario que sea, que ocurra.

La fiesta en sí es una plataforma para est*s artistas, e incluso otr*s artistas por fuera de estas y otras categorías. Siempre se trató de que este espacio sea considerado por un lado, como una plataforma para contener artistas que han sido sistemáticamente expulsados de espacios de representación, pero también, para experimentar con los modos en los que est*s artistas pueden desafiarse a si mism*s, conectarse con otr*s, y colaborar con otras comunidades. Si bien las formas de mitigar la exclusión, el aislamiento y dar protección en la vida nocturna, es algo importante en este proyecto no se trata solo de eso. Por el momento no sé qué rumbo tomará Shock Value, porque conseguir espacio sigue siendo un gran problema, y el recurso más limitado en Nueva York.

 

Como decíamos anteriormente, tu participación en la última Trienal del New Museum cobró un nivel de visibilidad muy grande. ¿Cómo fue el proceso de preparación y producción para esa instancia? ¿Nos contarías sobre esta serie en particular Untitled in the Rage (Nibiru Cataclysm) presentada en la Trienal?

Esta serie en realidad lleva por título Universal Crop Tops For All The Self Canonized Saints Of Becoming, y pude trabajar en ella mientras realicé una residencia en el New Museum por varios meses fotografiando y editando el trabajo que luego se exhibiría en la muestra. Mucho de lo que produje para esta instancia no se mostró, pero será expuesto en lo que resta del año. En tanto proceso se trata de un alto nivel de experimentalidad, consejos de amig*s y mentor*s como Kembra Pfahler y Walt Cassidy, como también el trabajo con mis hermanas Bailey Stiles, Antonio Blair y Ian Stoner. Todo comienza con la escritura para mí, y de ahí empiezo hacia delante o hacia otros formatos. Es un proceso en el que trabajo sobre mí misma, de revisión intensa hasta que lo que escribo puedo editar o producir una serie de trabajos.

Usé una combinación de fotografía digital, body paiting, maquillaje, pintura digital e ilustración para esta serie. Era mi primera vez en un estudio profesional, y la primera vez que contaba con la plena disposición de materiales y herramientas con la que toda mi vida soñé para producir mi trabajo, y algo fundamental de todo esto es que tener un espacio particular para producir cambió mi relación con mi propia práctica. Las ideas y las posibilidades emergen con mayor facilidad cuando tenés un espacio que podés reclamar como propio, y ese fue un punto crucial para mí.

 

image

 

Como en muchos de tus trabajos, esta serie visibiliza a través de citas, e intertextos, fuertes críticas hacia el racismo americano, y a la situación que viven las mujeres trans de color. ¿Cómo creés que dialogan tus producciones con la coyuntura critica que se vive en términos raciales en Estados Unidos?

Es parte de mi vida, es parte del contexto en el que me encuentro, y por lo tanto es parte de mi trabajo. Tengo ciertas distancias con las lecturas que se hacen de mi trabajo solo en esa clave, es decir sobre la experiencia de mujeres trans de color, porque también se trata de muchas otras cosas. Es sobre la tecnología y la fragmentación de la identidad. Es sobre las pantallas, nuestro vínculo posesivo con ellas, cómo crean modos de crear y alterar nuestras identidades. Estados Unidos está en un momento en el que la natural inherencia racial, genérica, de clase de todo lo que nos rodea es completamente obvia y la omnipotencia de #BlackLivesMatter habla sobre esto. En esta serie en particular, trato de usar la Esperanza y la Especulación como herramientas para navegar la dificultad de la historia negra, la historia de la tecnología, la historia de l*s consumidores jóvenes que se permiten y proporcionan nuevos modos de búsqueda de autenticidad en los ensamblajes identitarios que construyen en sus redes sociales. Hay una visibilidad inevitable para gente como yo, y eso me tangenció y apareció frente a mí en los modos en los que mis especificidades también son marcadores de estructuras que median muchas de nuestras experiencias independientemente de la marginalización. Es un humanismo interseccional que ha quedado obsoleto.

 

image

 

¿Cómo vivís la cantidad de atención que recibió tu participación en este evento?

No estoy segura de poder responder eso. Siempre he tratado de balancear momentos de mucha visibilidad con momentos donde desaparezco para trabajar, rejuvenecerme, leer y crear. Ahora estoy en un momento de mucha visibilidad, y por momentos se vuelve agotador. Pero en lugar de ponerme ansiosa, estoy tratando de pensar cómo puede esto volverse una parte constitutiva de mi trabajo, como una artista contemporánea, preguntas en torno al zeitgeist y la celebridad y como un* elige vincularse o no a estas mismas, son centrales a esta práctica. Soy la corporización de un universo hiperrelacional, por lo que usaré la naturaleza explosiva de mi imagen y de mis trabajos en el mundo como un punto de partida. Por el momento sigo pensando exactamente qué forma tomará todo esto, pero quizás pueda responder verdaderamente esto en un futuro. Quizás podés volver a preguntármelo en un año y te lo digo.

 

Como artista que proviene de circular por espacios de exposición menos tradicionales que un museo, ¿Te sentiste cómoda? ¿Te interesa seguir agitando preguntas, y trabajar en tu carrera como artista en estos espacios? ¿Te supone alguna clase de limitación para las plataformas políticas que te interesan construir con tu práctica?

Estaba más nerviosa que la mierda, literalmente desquiciada. Pero también muy confiada en Lauren Cornell, y de los consejos de mis amig*s. Por sobre todo, confiaba en mis propios instintos e ideas porque en definitiva es lo que me ha traído hasta acá. Estoy interesada en trabajar en todo tipo de institución, y en la multitud de espacios alternativos de los que he sido parte. Mientras permanezca en la comunidad en la que soy parte, creo que no tengo demasiadas preocupaciones. Además he sido muy afortunada en poder trabajar con amig*s, o con personas vinculadas a mis amistades, y creo que esto es el resultado de haber trabajado mucho para producir y gestionar un espacio entre los mundos que transito. Siento mucha libertad en lo que hago. Ahora le pregunta es cómo hacer para aprovechar la posibilidad.

 

Hacia el final de nuestra conversación, Juliana reconoce que el lugar que transita actualmente en su carrera artística tiene que ver con habitar un borde liminal complejo, una experiencia que en su joven recorrido experimenta como confusa, en las relaciones y posiciones en las que se encuentra a sí misma: una suerte de movimiento inestable entre las lógicas dentro/fuera de las instituciones del arte, como también de los presupuestos políticos que se construyen y se sostienen como política representativa de las instituciones artísticas. Por el momento, cuenta, se reconoce movilizándose en esta paradoja acompañada por el apoyo fundamental de sus amig*s, y deseosa de que su trabajo pueda ser abordado por fuera del boom mediático que instrumentaliza imágenes de sí misma para poder darle lugar a su trabajo como artista y como, me gustaría reconocer, hacedora incansable de mundos y de historias.

 

 


http://julianahuxtable.tumblr.com/

https://soundcloud.com/julianahuxtable

https://www.facebook.com/julianahxtable

Fiestas Shock Value



Nicolás Cuello es activista y Profesor en Historia de las Artes con orientación en Artes Visuales en la Facultad de Bellas Artes, Universidad Nacional de La Plata. Es maestrando en Estética y Teoría de las Artes (FBA, UNLP). En la actualidad se desempeña como investigador tras obtener la Beca de Investigación de la Universidad Nacional de La Plata, y es profesor ayudante en el Instituto Universitario Nacional de Arte (IUNA). Es miembro del Instituto de Historia del Arte Argentino y Americano (IHAA), y del Laboratorio de Investigación y Documentación en Prácticas Artísticas Contemporáneas y Modos de Acción Política en América Latina, ambos con sede en la UNLP. Forma parte del proyecto dirigido por Fernando Davis “Micropolíticas de la desobediencia sexual en el arte contemporáneo” y se desempeña como asistente del proyecto “Diagramas del arte activista en la Argentina” de Marcelo Expósito.


Yo soy trabajadora sexual


Mujeres que deciden trabajar con su cuerpo en medio de una sociedad que las criminaliza. Georgina Orellano, secretaria general de AMMAR, habló con Revista Ramera sobre qué significa ser una trabajadora sexual en el 2015 y cuál es el camino posible para que sus derechos no sean vulnerados.

 

image

 

Hace varios minutos que estoy sentada en una sala de reuniones de algún edificio de la CTA, esperando a Georgina. Sé que viene de participar en una reunión por Skype y sé que antes de esa reunión tuvo que viajar desde La Plata hasta Capital Federal, así que mientras espero imagino que va a llegar cansada y acelerada a la vez. Imagino que va a hablarme de marginación, de derechos vulnerados y de una vida de clandestinidad, porque Georgina es una trabajadora sexual y, aunque yo nunca ejercí la profesión, tengo internet en mi casa. Antes de venir me tomé el trabajo de googlear y leerla en otras entrevistas; también leí sobre leyes, teorías y posturas a favor o abolicionistas. Digamos que me preparé. Pero cuando Georgina entra, se sienta frente a mí, sonríe mirándome a los ojos y yo me doy cuenta de que nunca antes hablé con una trabajadora sexual.
La cita es en la CTA porque es acá donde funcionan las oficinas de la Asociación de Mujeres Meretrices de la Argentina —AMMAR —, de la que Georgina Orellano es secretaria general.  El principal objetivo de la organización es luchar por los derechos de las trabajadoras sexuales y para eso tienen que empezar, aunque parezca absurdo tratándose de una de las profesiones más juzgadas por nuestra sociedad, explicando qué es el trabajo sexual.
Cuando Georgina responde a la primera pregunta descubro que el tono que usa para hablar es tranquilo pero poderoso, cada palabra que elige para explicarme sale de su boca con fuerza certera. Entonces sí, hablamos de marginación e invisibilización porque las trabajadoras sexuales se encuentran en un abismo legal, en un marco que niega su existencia como actores políticos y económicos pero que las señala con el dedo por realizar un trabajo que, dicen, les quita su dignidad como mujeres.
A pesar de esa imagen, las trabajadoras sexuales de nuestro país están nucleadas en AMMAR hace 21 años, buscando que su trabajo encuentre un margen regulatorio y una categoría legal, para que sus derechos dejen de ser algo que sólo existe para ser vulnerado. Cuando Georgina habla me doy cuenta de que todo lo que ella denuncia no tiene nada que ver con cómo ella se siente: alguien que  tiene vergüenza por su trabajo no podría cargarse al hombro la tarea de dignificarlo.

 

«Las Trabajadoras Sexuales somos triplemente marginadas: por ser mujeres, por ser pobres y por ser trabajadoras sexuales»

AMMAR

 

La situación legal actual del trabajo sexual es la siguiente: si una persona ejerce trabajo sexual de manera autónoma siendo mayor de edad no es delito, pero todas las vías para que eso pueda suceder sí lo son. Los mecanismos de difusión de ese trabajo están prohibidos —la oferta de trabajo sexual del rubro 59 en los diarios es ilegal, en la vía pública también es ilegal y en cualquier espacio privado como una casa de citas, también es ilegal—  y los proyectos de ley o decretos que intentan disminuir las cifras de la trata de personas terminan criminalizando a las trabajadoras sexuales autónomas, intentando adoptar medidas como la de penar a los clientes. En cuanto a la visión social, las posturas de quienes se oponen al trabajo sexual también son contradictorias; las organizaciones feministas abolicionistas plantean que el intercambio de sexo por dinero cosifica a la mujer —aunque la misma haya tomado la decisión de hacer uso de su cuerpo como medio de producción— al mismo tiempo que defienden la legalización del aborto porque consideran que las mujeres deben tener poder de elección sobre su propio cuerpo.
Así, la tarea de las compañeras de AMMAR es doble: encontrar un marco legal que las reconozca y lograr que la sociedad no las vea como víctimas, sino como mujeres que se empoderan de su cuerpo. Frente a ese panorama, en julio del 2013 la asociación presentó un proyecto de ley a nivel nacional en el cual proponen el camino para que el trabajo sexual sea reconocido y regulado. A pesar de que el proyecto fue aprobado, a los pocos meses de ser presentado quedó encajonado y nunca se debatió, por lo que desde AMMAR empezaron a presentar proyectos de ley provinciales en distintos lugares del país para lograr precedentes y poner el tema en agenda.

 

R: ¿Cuáles son las principales consecuencias que enfrentan como trabajadoras ante la confusión entre lo que es el trabajo sexual y lo que es la trata de personas?

GEORGINA: La primer consecuencia directa es invisibilizar a un colectivo de mujeres que está organizado en la Argentina hace 21 años, que plantea las problemáticas que genera el hecho de que el trabajo sexual no esté regularizado, pero que también plantea las posibles soluciones. Me parece que una de las problemáticas es invisibilizar a un sujeto político activo que está intentando interpelar a los distintos actores políticos, llevando sus propias demandas. Eso sería lo primero, esto de que no nos reconozcan como trabajadoras sexuales ni siquiera los funcionarios, que no respeten que hay un movimiento organizado y que se cierren al diálogo imponiendo su ideología, en la que dicen que no creen que exista el trabajo sexual autónomo.
De esa manera acallan a un actor que está ahí, que está presente, que está llevando su voz en primera persona diciendo que no somos víctimas de trata, que somos trabajadoras sexuales. Es como que nos digan: “Yo no creo que ustedes existan”. Entonces no sabemos qué somos porque ni siquiera nos reconocen como un movimiento organizado, esa sería la primera consecuencia, que también va de la mano de la victimización que se hace de la trabajadora sexual.

 

R: ¿Cuáles son los resultados políticos de esa victimización?

G: A nosotras nos parece que el tema de la trata de personas —cuando se instaló a través del caso de Marita Verón y la lucha de su madre Susana Trimarco— implica muchos actores que aprovecharon esa ocasión para plantear que están en contra de la trata de personas, pero detrás de esa lucha contra la trata de personas están luchando contra todo lo que sea trabajo sexual. No sólo nos damos cuenta cuando se llevan adelante políticas determinadas, sino también cuando nos hacen entrevistas o cuando ellos mismos tienen un acercamiento a la trabajadora sexual que sufre un allanamiento. Por ejemplo, cuando suceden los allanamientos someten a nuestras compañeras a responder preguntas que realizan los psicólogos, y los mismos nos niegan la posibilidad de decir que somos trabajadoras sexuales: para nosotras eso es violencia, no permitirte decidir sobre tu propio cuerpo o imponer una ideología que plantea que el trabajo sexual es violencia para el cuerpo de la mujer. Para nosotras violencia es todo lo que está pasando alrededor, todos estos organismos que tienen este rol de empujarnos a una mayor clandestinización.

 

R: Vos mencionás que además de visibilizar las problemáticas plantean soluciones, ¿En qué consiste el proyecto de ley presentado por AMMAR?

G: Queremos regularizar el trabajo sexual autónomo, que se deroguen todos los artículos contravencionales que están vigentes en las provincias, que rigen el espacio público y que penalizan todos los hábitos que se ofrecen de trabajo sexual en la vía pública, también aquellos que defienden la moral y la buena costumbre. Todos esos artículos dan un poder arbitrario a la policía, que termina deteniéndonos cuando ellos quieren por portación de rostro.
Y de la mano de esas acciones, alcanzar la legalidad que hoy no tenemos: proponemos abrir un registro único de trabajadoras sexuales que dependa del ministerio de trabajo, que pueda verificar quiénes son las trabajadoras que ejercen por decisión propia y así dejar evidenciado cuales son las que no, para que no siga estando esa idea de que todas somos víctimas de trata. Lo que buscamos es que no exista margen para el regenteo; el proyecto de ley que nosotras presentamos habla de crear una oficina nacional para protección del trabajo sexual autónomo, que esté integrado por tres delegados o delegadas de movimientos de trabajadoras sexuales y por tres delegados o delegadas del Ministerio de Trabajo, que son los que tendrían que velar por el cumplimiento efectivo de la ley.

image

R: Estar enmarcadas en una categoría de trabajo, ¿qué les permitiría?

G: Queremos ser monotributistas con categoría de trabajadoras autónomas, pedir que una vez que el trabajo sexual sea reconocido se genere esa categoría monotributista porque eso nos permitiría acceder a una obra social, aportes jubilatorios y poder acceder a cosas que hoy no podemos: un crédito, un plan de vivienda PROCREAR. No podemos porque no tenemos un recibo de sueldo que verifique que podemos pagar, no podemos demostrarlo, trabajamos en negro. Hablamos de que todas las que trabajemos en la vía publica tengamos un carnet habilitante que no tenga nuestra foto porque aún hay mucho estigma, eso todavía no lo podemos plantear en este momento, quizás 20 años adelante si, pero si un carnet para que puedan las compañeras mostrar a quienes corresponda porque sabemos que estar ocultas nos lleva a la situación de estar vulnerables a cualquier tipo de explotación y por eso sostenemos la prohibición no es la solución.

 

«La primera causa de alienación en la prostituta no es la extracción de plusvalía del trabajo individual, sino que depende ante todo del no reconocimiento de su subjetividad y de su cuerpo como fuentes de la verdad y del valor: se trata de poder afirmar que las putas no saben, que no pueden y que no son unos sujetos políticos ni económicos en sí mismos»

Beatriz Preciado, “Droits des femmes au travaill… sexuel

Libération

 

R: ¿De qué manera AMMAR busca instalar el debate sobre el Trabajo Sexual?

G: Creemos que somos las trabajadoras sexuales las que tienen que poner este tema en agenda, para que no se invalide nuestra voz; nosotras sabemos y tenemos en claro que faltan muchos años para que se apruebe el proyecto de ley que presentamos, pero también tenemos muy en claro que tenemos que empezar a generar debates para que la gente empiece, por lo menos, a diferenciar lo que es la trata de personas de lo que es el trabajo sexual. Otro punto es no tratar a la trabajadora sexual como una víctima, sino respetar que es una mujer sujeta a derecho que decide sobre su cuerpo y sobre sí misma y que está ejerciendo un trabajo precarizado, que no es indigno en sí pero que sus condiciones de clandestinidad y la vulnerabilidad de nuestros derechos si lo son.

 

R: Frente a la clandestinidad en la que las deja el marco legal existente, ¿En qué lugar queda, para ustedes, la soberanía de su cuerpo?

G: Nuestra sociedad ha sido totalmente progresista en muchos temas pero en otros que tienen que ver con la sexualidad plena y sobre todo con la autonomía de la mujer en su sexualidad, estamos atrasados. Uno de esos temas es el aborto y otro es el trabajo sexual, ambos tienen como protagonistas a las mujeres, no sólo en cuanto a la genitalidad y la sexualidad, sino también en la decisión que la mujer pueda tener sobre su propio cuerpo. Es ahí donde el estado tiene que respetar y garantizar que esa mujer no sea precarizada, que sus derechos no sean vulnerados. Entonces creo que en cuanto a lo sexual, como sociedad, todavía nos falta. El sexo es un tabú y nosotras sostenemos que cuando se plantea vivir la sexualidad libremente, es libremente, tenés que acostumbrarte de que no hay limitaciones en ella, y aceptar que está quien tiene la fantasía de pagar por sexo y quien quiere usar esa herramienta de poder para sacar remuneración económica.

image

R: En ese sentido, ¿Qué genera a los ojos de la sociedad el hecho de que haya dinero en medio de un intercambio sexual?

G: Me parece que el dinero de por medio en el sexo no es malo. Si lo ven como algo violento o lo ven como algo de poder sobre el otro, entonces hay que entender que todo está atravesado por el dinero, hay que entender que el sistema capitalista es así. Aquellos que se niegan al trabajo sexual porque dicen que el poder y el dinero los tiene el hombre sobre la mujer, tendrían que ver que eso sucede en muchísimos mercados de trabajo, hay que preguntarle al obrero o a la empleada doméstica quién tiene el poder, y la respuesta es que el poder siempre lo tiene la persona que tiene el dinero.

 

R: Además del dinero, la moral y la dignidad son dos valores que la sociedad antepone al trabajo sexual …

G: Poner la palabra dignidad sobre la vagina de la mujer ya dice algo sobre la carga moral que muchos tienen y esconden bajo una bandera falsa del progresismo. A veces se plantea esta cuestión de la mujer blanca de clase media alta que viene a decir como tenemos que disfrutar la sexualidad, nos parece que en esos argumentos hay una carga moral que intenta hablar de la marginación de la mujer y de la desigualdad pero sin hablar de su libertad sexual.
Frente a toda esta criminalización, la soberanía del cuerpo de la mujer queda en la decisión. Nosotras antes hablábamos de la autonomía del trabajo en cuanto a que nadie se quedara con un porcentaje, pero frente a la situación en la que tenemos que trabajar, la autonomía queda a partir de que la mujer decide ser trabajadora sexual. Después, de la manera en que pueda llevarlo adelante, no es una cuestión de la trabajadora sexual si no de que el estado está ausente y quienes terminan beneficiándose son esas terceras partes que le ofrecen protección a la trabajadora.


AMMAR


Perderse en la HiedraH


image

Como la propuesta nocturna de Capital Federal no terminaba de saciarlos, tres amigos decidieron armar su propia fiesta: pensaron que en la falta está el deseo, pactaron quiénes eran y qué querían decir y terminaron llevando la comunión y el baile que venían haciendo en los livings de sus casas a un sótano del microcentro, invitando a todo el mundo. Así, Melody, Ybán y Nahuel  crearon HiedraH: un club que busca volver al origen de la celebración a través del baile.

Este abril empieza el tercer año de la HiedraH —que terminó el 2014 con una fiesta en Niceto en la que tocó Mykki Blanco— y el impulso del comienzo sigue siendo el mismo, buscar sonidos, personas e ideas de diferentes culturas y fusionarlos en un espacio que termina convirtiéndose en un hábitat.

Además de ir a varias HiedraH, Revista Ramera se juntó con uno de sus organizadores para saber de dónde viene esta fiesta donde lo único que tenés que hacer es bailar de todo y con todos.


Por: Emmanuel Milwaukee y Mercedes Galera


¿Cómo surgió HiedraH?

Ybán: Lo primero que pensamos nosotros fue en buscar un nombre que nos lleve a lo más primitivo de la fiesta; nos preguntamos por qué las fiestas tienen que estar tan dotadas de condicionamientos de género, de clases y también por qué hay un ambiente gay, un ambiente para bailar cumbia, otro para bailar electrónica. Pensamos entonces en la
fiesta como celebración e investigando surgió que todas las celebraciones de épocas antiguas estaban relacionadas con las estaciones y elementos propios de la naturaleza. Eso nos llamó mucho la atención y descubrimos que para la antigua Grecia cualquier festejo, para todo lo que tenga que ver con cualquier tipo de unión, se utilizaba la hiedra, que significa unión por fuera de cualquier barrera, que es un poco lo que hace la planta si te ponés a pensar. Por eso nació HiedraH.

 

¿Les llevó mucho tiempo armar todo el concepto de la fiesta?

Y: La verdad es que no, venir a vivir acá es una de las cuestiones que atraviesan a la HiedraH desde sus orígenes, nosotros estábamos medio perdidos hasta que decidimos hacer lo que veníamos haciendo en nuestras casas antes de que todo pasara. Fueron tres semanas hasta que nació HiedraH, lo más difícil fue pensar el nombre, ponerle nombre a las cosas es lo más complicado, pero también es un momento importante en el que podés hacer un recorte, te da un empuje. Hay una identidad en conjunto que estamos aceptando los tres y llevándola adelante. Además, el resto de los elementos de la fiesta son cosas que nosotros ya veníamos haciendo cuando nos juntábamos con amigos, decíamos bueno hagamos una fiesta en la casa de Nahuel, venían diez personas y nosotros pasábamos música desde ese lugar ecléctico y divertido.

 

Los tres comíamos pizza sentados en el único sillón del lugar; yo no conocía a nadie más que a Julita, Julián y Matheus, el amigo brasilero que había organizado una despedida porque su aventura en la Argentina ya estaba terminando. Fue al volver del baño – el único momento en el que me paré- cuando uno de los amigos de Matheus se
acercó a hablarnos: nos preguntó si nos gustaba M.I.A., le dijimos que sí, señaló mis calzas de chalas verdes con fondo negro y dijo que se lo había imaginado. Después nos invitó a la HiedraH. 

 

image

 

¿Cómo llevan esa virtualidad al espacio físico de una fiesta?

Más que nada a través de la música que nosotros proponemos, es un género de música electrónica que se llama world bass, nació en los noventa y busca ser en la electrónica lo que es la world music, transformando diferentes elementos de cada una de las culturas. Entonces, a partir de esa química en la que se mezclan todos esos elementos, lo que pensamos fue armar un espacio que quizás acá lo estaba haciendo Zizek antes que nosotros, y que había quedado un poco relegado.

La idea fue generar una condición de hábitat distinta a la de la ciudad de Buenos Aires, con ambientación que tuviese que ver con lo selvático, con la humedad y con la idea de perderse un poco en la oscuridad, no estar tan de frente a la luz donde todo tiene que ser brillante y perfecto, entonces la idea empezó así: hagamos una fiesta que nos guste a nosotros y que combine con estas cosas, si se quiere místicas, entre sí.

 

Todavía no fui a la fiesta: una vez tomé de más en la previa y tuve que quedarme, otra vez colgué y se hicieron las 4 de la mañana y la última vez ni siquiera me fui de La Plata; Julián me dijo que fue solo, que llegó a un sótano del microcentro decorado con hojas y enredaderas y que bailó hasta el final. Después se quedó juntando hiedras con Nahuel, volvió a casa y guleó dos sanguches de miga.

 

Existen fiestas en Buenos Aires que con los años perdieron la frescura en cuanto a los usos y consumos de las últimas generaciones. En ese sentido, ¿piensan que esta fiesta puede verse como referente de esa contemporaneidad?

Y: Lo más difícil de todo es ser contemporáneo a uno mismo todo el tiempo. No se puede ser el presente de un presente que uno ya no es, y hay que entender que las cosas tienen un ciclo biológico que en algún momento acaba. Hay que actualizarse y yo creo que esa es una cuestión que tiene que existir, nosotros sentimos que lo que hacemos
representa al menos los intereses de los pibes del interior que se criaron con el cable tratando de escuchar música que no era la que sonaba en la radio. La fiesta que nosotros hacemos es abierta a diferentes formas musicales y no se termina regionalizando, no sólo puede realizarse en Buenos Aires y esa característica cosmopolita hace que las cuestiones de comunicación de Internet nos terminen representando de una manera directa. Sentimos eso, lo que no quita que venga algo nuevo que nos pase por encima, esto tiene que ver con si nosotros nos reciclamos o no.

 

¿Qué proponen al nombrarse club de baile?

Y: Esa idea es una de las cosas principales cuando pensamos los inicios de HiedraH, la vuelta a los clubes pero desde otro lado, si acá no bailas te vas a querer ir. La idea es que todo transcurra en un tiempo presente, cambiamos la música y el dj con lo que va pasando en el momento de la fiesta. Todo lo que tenga que ver con un elemento artístico está relacionado con eso, con hacer de todo una experiencia que te puede gustar o no pero tenés que vivirla, porque todos tenemos un pasado de tribu urbana pero la idea es globalizarse un poco y divertirse.

 

En ese sentido, ¿Qué papel cumple el cuerpo para ustedes en la HiedraH?

Y: Todo el papel, no hay nada más. La ambientación es como si fuera el artilugio que va a hacer la propuesta pero la propuesta la hace cada uno, nos ha pasado de tener gente que se pone en pelotas, es una fiesta donde pasan muchas cosas todo el tiempo y la idea es que cada uno baile como se le cante sin mirar al otro; hay una diversidad muy grande en los cuerpos y los géneros, no se si se puede decir que acá hay una movida queer, pero sí tenemos una propuesta queer: divertite, descalzate y movete.

 

Somos cinco amigos sobrexitados porque hacía mucho que no estábamos todos juntos y porque son las 2am del viernes. Estamos bajando al sótano, y atrás nuestro también baja la policía- dos hombres gordos con cara de malco o más bien noco- y mientras ellos recorren, huelen y miran nosotros bailamos. Bailamos en ronda, bailamos con un rasta, bailamos con dos chicos, bailamos solos, bailamos con ojos abiertos y ojos cerrados hasta que una chica pasa con una frappera que en vez de Champagne tiene fruta. Meto las manos y saco naranja manzana y lo que sea, me lo meto en la boca, siento un refresh y sonrío.

 

image

 

¿Y cómo proponen el baile para que sea un intercambio?

Y: Bailar la diferencia del otro, para nosotros es la celebración espontánea que se da en la fiesta; la noche tiene esa cuestión de espontaneidad donde se rompen las barreras del cuerpo, un poco mezclarse con la identidad de otro, entender por qué escucha tal o cual cosa. La idea de que vos entras a un lugar con una identidad propia pero esa
identidad también corresponde a tus límites y te encasilla, pero podés ser un catálogo abierto y darte otra posibilidad. Yo detesto el discurso de la igualdad: me parece una chotada categórica horrible y una mentira política espantosa, ¿qué igualdad? yo no quiero que me digas que somos todos iguales, es para ponernos en un matadero si pensamos todos igual, yo quiero que entiendas que somos todos distintos, pero que está bueno y es divertido, sino seriamos piedras. Gracias a que todos nos movemos distintos, eso se traduce en música, vestimenta y géneros.

 

¿Cómo definieron el lugar en el cual iban a hacer HiedraH?

Y: Cuando pensás en plantear un proyecto en Capital Federal todo parece súper lejano, porque tenés la idea del sistema de locales y demás, empezás a charlar y no te dan mucha bola. Nosotros llegamos al sótano donde hacemos la fiesta a través de un amigo. Siempre pasa que la gente te dice “yo empecé en tal espacio”; estoy cansado de escuchar eso, no es que quiero vivir y morir en el sótano, pero ¿Y qué hay en el medio?. Si algo no tiene identidad propia en ese camino se pierde, yo creo que HiedraH tiene que sostener todo el tiempo esa identidad.

 

image

 

Y en relación a ese camino ¿Qué impacto tuvo para ustedes hacer una fiesta en Niceto a fin del año pasado?

Y: Cuando pensamos en cambiar de espacio para HiedraH tenemos que detenernos a pensar a dónde queremos ir, qué queremos decir y qué queremos cambiar de lo que decimos. Lo que nos permitió Niceto fue una visibilidad que responde a cuestiones políticas también: por lo general los lugares donde se hacen este tipo de fiestas no están habilitados y si estás en proceso de habilitación Macri te cae con la policía todos los viernes- el año pasado cayeron a todas las fiestas- entonces hay cuestionamientos que responden a la lógica de los espacios en Buenos Aires. Si vos tenés un espacio chico te van a caer porque lo que no quieren es que vos dejes de ser chico y asciendas, eso implica más responsabilidad para ellos, así que es una cuestión muy forra en ese sentido.

Por eso llegar a Niceto para nosotros fue aceptar el cambio de un espacio dado pero pactando cosas y fue una buena comunión, nosotros necesitábamos visibilidad y creemos que eso funcionó. De todas maneras, queremos tener esa posibilidad de independencia, hacer hiedras al aire libre, hacer hiedras de día. Queremos ser un espacio, un colectivo artístico, entonces no nos limita el lugar. No queremos convertirnos en una fiesta de Niceto o de cualquier local, nosotros somos HiedraH y podemos hacerla donde queramos.

 

Sofi cruza la calle corriendo mientras uno de los rodetes se le desarma, quiere llegar a la otra vereda donde los demás arrancan un póster con la cara de Fabián Gianolla. Los sábados a las 7 de la mañana me empujan los rodetes salidos y los pasados de rosca; no corro, me hago pis porque no fui al baño en toda la noche- no dejé de bailar en toda la noche- y cuando logro llegar a la vereda de enfrente los chicos hablan de la que se puso en bolas arriba de un sillón, Julita pregunta qué pasó con la policía, nadie puede contestarle, nadie se acuerda, nadie le dio importancia.

 

image

 


HiedraH