Juntas y organizadas

Tan sólo unos días antes del 8M un grupo de mujeres de la ciudad de La Plata formó la Colectiva de Mujeres Escritoras y Editoras de La Plata, un espacio que nuclea no sólo a las escritoras de la ciudad sino también a todas aquellas mujeres que trabajan en la gestión de espacios, en la edición e ilustración de libros, en la difusión de los mismos, etc, que posibilitan la existencia de un circuito literario independiente y autogestivo. Si bien el puntapié inicial fue una nota publicada en el diario El día en la que un periodista de la ciudad abordó el boom de escritores platenses realizando entrevistas y recomendaciones únicamente a escritores hombres, lo que sucedió después responde a la desigualdad que atraviesan las mujeres en todos los ámbitos culturales, profesionales y sociales, aún en los espacios que suponen ser más progres. Pero antes que seguir explicando, preferimos que la colectiva hable por sí misma y aquí dejamos el documento que firmaron sus integrantes y las palabras de dos escritoras de la ciudad.

La ciudad escrita

La Plata es una ciudad hermosa y está llena de escritoras mujeres y de otras identidades fuera de la masculinidad hegemónica, que además de escribir y leer a otras mujeres, editamos, militamos y co-gestionamos espacios culturales donde se produce, distribuye y se discuten formas de hacer colectivamente desde la palabra en sus múltiples formas y no solo desde la narrativa.

La Plata es una ciudad donde somos muchas las escritoras, y muy buenas, pero nos invisibilizan igual. Camila Sadi y Aurora Venturini son las únicas mencionadas en la nota del diario El Día titulada “La ciudad escrita”, que habla de un boom platense de escritores… hombres. Es una decisión política no entrevistar autoras con obra conocida e influyente, o a las voces emergentes. No basta con mencionar a dos mujeres. Siempre hay una selección, pero en este caso es evidente que se habla de una ciudad escrita por varones.

La Plata es una ciudad hermosa y diversa, con escritoras orgullosas de la proliferación de libros, editoriales y espacios donde la literatura es el motivo central por el que nos reunimos y celebramos. Invisibilizarnos a nosotras es también invisibilizar lo que contamos, las narrativas que construimos a partir de lo que somos, sentimos y hacemos. Estamos cansadxs de ser silenciadas por un discurso que omite las múltiples voces que escriben.
Colectiva de Mujeres Escritoras y Editoras de La Plata.

#nomevenganconesecuento

Trabajé en un medio gráfico de La Plata hace un par de años. Me tocó hacer una nota a una banda de rock, sólo una vez en el tiempo que estuve ahí. Me gané la excepción a fuerza de participar en los debates que tenían mis compañeros de sección delante de nosotras.
Cuando fui a hacer la entrevista, uno de los músicos abrió la puerta de su casa en cuero. Se quedó helado agarrando el picaporte y cuando reaccionó buscó una remera en el sillón que tenía atrás. “Perdoname, no esperaba una mujer”, me dijo.
Ya había trabajado varios años en Radio Universidad y curtido los bares, los baños, el ambiente en general tanto como ellos. Pero mujeres que escriben sobre rock platense parece que siempre son una excepción, una revelación, una aparición. ¿Una novedad? #NoMeVenganConEseCuento
Ayer a raíz de una nota que salió en el Diario El Día, La ciudad escrita estalló un chat privado denunciando la burda omisión de autoras salvo dos referencias, una más que obligada. Conozco a muchas de las que participaron de la discusión de vista: las veo durante el año agitando eventos, sus textos, editoriales, ediciones independientes que según la nota son un punto de partida para ese “boom literario”. Pero evidentemente, ellos no las ven porque no se mencionan. No las registran.
Además de lo obvio – que siempre hace falta volver a decir- el peligro de una ciudad narrada sólo por hombres tiene otro riesgo: pensar que todes tenemos los mismos derechos y libertades a la hora de caminarla. ¿Cómo vamos entonces a discutir con ellos lo que nuestras cuerpas enfrentan cada vez que pisan la calle si se empeñan en construir su imaginario sólo con textos paridos por los valores de la masculinidad heteronormativa? No salir más allá de ese círculo de legitimación que sesga las lecturas, los consumos y las agendas de los periodistas es no arriesgarse a empatizar con otras formas de vida, experiencias y sensibilidades. Eso me asusta.
Por suerte, aprendimos que hay que pasar de algo que nos hace ruido a ser ruidosas. Bienvenida la Colectiva de Mujeres Escritoras y Editoras de La Plata

Por Daniela Camezzana

Romper las pelotas

El capitalismo es nuestro abuelo y el patriarcado nuestro padre. De ellos renegamos (aunque no todxs) pero, también de ellos nacemos y con ellos nos construimos. Siempreternos, como dios o como muestro padre y nuestro abuelo nos impusieron que sea.
Es 2017. La igualdad es una mentira. Los lenguajes lo denotan, también lo connotan. Las imágenes nos impregnan permanentemente la vista, el cuerpo, el crecimiento, el empoderamiento, el pensamiento, el sentimiento. La palabra nos educa, nos convencionaliza y nos impregna desde niñas.
Miremos un poquito, desde ahí donde estamos, y observemos todas esas imágenes que en todas sus materialidades nos envuelven. Y también miremos en nuestros recuerdos todas esas cosas que no y todas esas cosas que sí, todas esas cosas que nos forman.
Ante esto, podemos ser críticas, pero no alcanza cuando las bases de las instituciones (formales y no formales) las siguen escribiendo el capitalismo y el patriarcado. Y me atrevo a nombrarme en plural porque mi identidad es la de todas las que de alguna forma conozco y también la de muchas de las que no sé de su existencia. La diversidad de mi identidad: la sororidad. Reconocerla y decidir entre respetarse a una misma o actuar por el respeto de lxs demás.
Es ahí cuando insistimos porque intuimos con certeza que el capitalismo no es ni fue una construcción de igualdad y mucho menos en igualdad. Y en combinación con el patriarcado la igualdad solo existe si sos hombre, blanco, rico, cheto.
Insistimos cuando miran para abajo cuando hablamos; cuando se asustan con una A; cuando no quieren discutir o cuando la discusión se vuelve condescendiente; cuando se autoproclaman feministas y nos dicen lo que tenemos que hacer o cómo; cuando dicen “TE lavé los platos”; cuando priorizan otras actividades por sobre las actividades domésticas (tengo que trabajar); cuando dicen o insinúan que las mujeres no podemos determinadas cosas; cuando hablan o se expresan por nosotras, suponiendo nuestras necesidades, ganas, deseos; cuando nos escuchan pero no nos ven, no nos reconocen y nos suponen; cuando descansan en que resolvemos, limpiamos, escuchamos o en que les tenemos que decir qué y cómo hacer; cuando hablan de feminismo como una problemática (de mujeres) y no como un posible camino de emancipación social; cuando tu feminismo es discursivo, nada más; cuando ustedes si y nosotras no, o viceversa; cuando no hay sinceridad; cuando exigen (a nosotras); cuando el deber ser se impone; cuando su sexualidad y su sexo solo reconoce los genitales; cuando son posesivos; cuando dejan la ropa en el lavarropas para que se lave sola o se tienda sola; cuando la importancia de lo que decimos reside en la institucionalización que tengamos o el reconocimiento social que tengamos y no en la cotidianeidad que compartimos; cuando nos acusan, nos minimizan, se imponen; cuando se victimizan; cuando nos ofrecen hacernos cargo de la casa para ustedes ir a trabajar (una aclaración sobre esto: discursivamente lo hemos construido como si perteneciera a otro siglo a otras generaciones; en las relaciones actuales se sigue sucediendo, incluso en ámbitos y personas “progres”); cuando la virilidad y las pelotas no se permiten romper.
Insistiremos hasta que puedan romper ese facilismo que conceden los privilegios; hasta que puedan deconstruirse los varoncitos; hasta que “la respuesta” no la esperen de nosotras sino que la busquen y la construyan ustedes, críticamente; hasta que se junten a charlar sobre ustedes, sobre su propia condición, sobre su emancipación; hasta poder caminar sin miedo; hasta irnos de un lugar sin tener que decir “avisame cuando llegues” o “te aviso cuando llego”; hasta que nosotras podamos hablar, exigir, cuestionar, hacer, vestir por nosotras y para nosotras sin tener la mirada fija, de costado o sin ojos de juzgamiento; hasta que dejemos de contarnos muertas; hasta que dejemos de contarnos violadas, hasta que dejemos de contarnos golpeadas; hasta que dejemos de encontrarnos representadas en cada una de las mujeres que habla de violencia psicológica (que también es violencia; hasta que liberemos nuestxs cuerpos; hasta que la institución tenga otra forma y deje de ser condicionante; hasta que podamos construirnos colectivamente en una discusión amorosa, de pares y diversa.
Insistiremos hasta que todo esto se haga cuerpo en ustedes y se modifiquen los vínculos, más allá de los rótulos, títulos, etiquetas; hasta que nos acepten como mujeres cotidianas, todos los días, no solo en situaciones de distinción (del tipo que sea); hasta que dejen de buscar la uniformidad en cada una de nuestras formas; hasta que ser comprensivas no sea una “cualidad” solo nuestra o peor, una obligación; hasta que dejemos de ser mitad de, sombra de, privada de, propiedad de; hasta que podamos decir nosotras cual es nuestra dignidad; hasta que dejen de acusar a nuestras libertades de SUS violencias; hasta que nuestra sexualidad deje de ser normada por el hombre y la clase social; hasta que dejemos de ser “subtituladas” porque no sabemos lo que tenemos que decir porque eso solo lo saben ustedes; hasta que dejen de ser ustedes los salvadores, los vengadores por las cosas que nos hacen (los hombres) a nosotras; hasta que dejemos de tener que halagar el ego de los hombres; hasta que dejen de decir: -no soy de fibrocemento!, para no repensarse en lo que les estamos diciendo. Hasta que reconozcan que la pija además de dar y recibir placer sirve para violar, disciplinar, ejercer poder.

Por Celestina Alessio