La ciudad escrita es diversa

Las siguientes poesías, los siguientes relatos, forman parte de las voces de  miembras de la Colectiva de escritoras y editoras de La Plata.

Las siguientes poesías, los siguientes relatos, forman parte de las voces de  miembras de la Colectiva de escritoras y editoras de La Plata.

POCA SEÑAL

Estoy con tan poca señal
y algo muy curioso:
en un mes tuve tres celulares.
La muerte está tan cerca
que sólo me quedó el tercero.
La muerte está tan cerca
que ayer se suspendió el ensayo.
La muerte está tan cerca
que las noches son más largas
tratamos de mantenernos unidos
con algo en las manos para atravesarla.
Violencia al estilo ominoso
el tipo odiaba con odio ancestral
le ofreciste la posibilidad
con un espíritu que no tenía miedo
de vagar en la ciudad despreocupada
te lastimó profunda la mente
y ahora estás harta
de pensar en el tamaño de su cuchillo
oxidado, en el calibre del arma
que te desarmó.
Entran todas las balas.
Esas imágenes inevitables
de la muerte que anduvo cerca.
Después tus historias,
a veces no sé si inventás
pensando en mí, para mí
o ya tenés las excusas guionadas
y las aplicás cuando querés.
Lo sabemos todas
porque acá todas sabemos
más o menos detalles.
Las amigas
los amigos se separan
Qué triste!
Y los que deberían hacerlo
no lo hacen.
La muerte está tan cerca
el asesinato, el silencio.
Los días ajustados
de octubre, el apuro
cuando prefiero siempre estar quieta
se puede pensar en movimiento
no te confundas
es otra clase de pensamiento.
La muerte está tan cerca
que este año pasó todo lo impensado
estamos descubriendo un nuevo estilo
de dolor, capas nuevas
se van agregando a este suicidio
colectivo al que nos arrojamos
cuando bajamos la guardia
y creemos que no hay lugar para la poesía
pero no te confundas
hay un relato de palabras secas
dichas con odio ancestral.
Aprendo de ella, la guerrera
que lucha por respirar
por incorporar un alimento de este mundo
que no le haga mal.
La muerte está tan cerca
como siempre
nada más que ahora
el tiempo espera menos
hay espacio para todo
y sí, este es
un vino picado
y sí, este es
un cigarrillo armado
y sí, estos somos
nosotros tratando de dormir
somos nosotras existiendo
en medio de cosas que oprimen
nadie nos agradece nuestro tiempo
aún continuamos con la dificultad.

Por Laureana Cardelino

*

¿Es posible reconocer

al animal herido?

¿Es necesario que le falte

un ojo, una pata

un pedazo

de alguna oreja,

o alcanza con lo que late,

el pulso que marca el miedo

ese reflejo de echarse al suelo

cuando alguien libera la voz?

*  *  *

Si se abrieran las represas

y ya nada contuviera el caudal

el terreno podría perder

su aridez de polvo blanco

recuperar poco a poco

los matices olvidados, el filo

de la tierra y los precipicios

casi invisibles entre las grietas

podrían ceder como un bloque

de hielo consumiéndose al sol.

También podría suceder

que el terreno, petrificado

por el tiempo, no soportara

la ferocidad de lo contenido

y que un estruendo de agua

arrasara impiadoso

como un brote urgente.

Toda opción tiene sus riesgos

lo saben los serenos

que vigilan por las noches

los candados de los diques.

Por Josefina Fonseca

*

Es de noche

en la tele anuncian que

caerán motochorros de punta

y yo salí sin paraguas

nadie escucha el timbre

porque el colchón en el suelo,

la ropa revuelta en el sillón

y la carta pegada en la heladera

no tienen oídos

es aún más de noche

la luz del foco de la esquina

falleció de inoperancia

en la casa hay alguien que no es

ni el que fuiste

ni la que fui

en la calle se acercan y alejan extraños

que tienen y dan

miedo

adentro las luces también están apagadas

porque los objetos que destruimos

duelen en los ojos

 me atrinchero en la frontera de tu puerta:

 de noche no hay territorio seguro

Por Juliana Celle

Salvajes

Es sencilla la explicación

todo desciende por fuerza.

Él domina a su compañera

como a un animal de confianza.

Yo siento cómo

me tiran de los pelos

me arrastran por el suelo.

Una puta cavernícola.

En mi guarida

con frío de piedra,

me abrazo.

Él no demuestra

que sabe que también

lo esperan para asarlo.

Por Julieta Cingolani

Estaciones

Otoño

Invierno

Primavera

Verano

Próxima estación

la llama

Vamos corriendo de tren en tren

con nuestros versos

nuestras historias

nuestros deseos que

caen a las vías

–a los durmientes–,

que desbordan por las ventanillas

por donde se cuela

el viento de siempre

Verano

Otoño

Invierno

Primavera

Próxima estación

el fuego

Se aceleran las locomotoras y los vagones

se aceleran detrás

llevamos todo

no te preocupes

a buen talante

a tus seres queridos

y tu equipaje

con nuestras manos de carbonilla y harina

despedimos el humo espeso

de la máquina aceitada

Invierno

Primavera

Verano

Otoño

Próxima estación

el incendio

Siguen los trenes siguen

el rumbo de los andenes

los pasajeros algo intuyen

algo escucharon

“será en otro vagón”, dicen

“rumores”, repiten

“lo desestimo”, piensan

mientras tanto los trenes

ya desaceleran

Primavera

Verano

Otoño

Invierno

Próxima estación:

nosotras

Melissa Rep

*

Una marea por los pies
por los cuatro esta vez
robarle un beso
robarle un chicle a Alicia
menguar hasta las seis
ojalá haya sido lunes
la prueba piloto a veces falla

primero lo primero
escribir por mil tu nombre
transcribir las palabras en túneles
comprarle la historia a Disney
las frases armadas
primero lo primero

el desayuno casero
las armas adentro
mi reacción directa

desnudas lejanas
fotos carnet
autorretratos
pinturas
modos
canciones
modas
todas menos yo
todos menos vos

destapa la olla
libera presión
cae inmersa o sale dispersa
imprimir
las compilaciones
las construcciones precarias
aleatorias fotocopias

un aliado
un enérgizante
relámpagos
aciertos violentos

de una patada me ubico apretada entre la espalda opuesta y la belleza en la entrada de algunas de las cosas que me contabas antes de pensar en todas esas pavadas.
que sana
que cura
la montaña
o el agua
amaba antes de conocerte imaginar la cruzada. qué pelea.competencia. a ver quien se esconde más rápido cuando arda.
Ella nos lava la cara a la luz del día apagado en una resolana. gris cargado el cielo de biografías y citas gastadas de películas que no vi. de libros que no leí, de las fotos donde abrí los ojos pero nunca te vi

*

boca abajo
desarmada
baldosa llanto
de tanto aguanto
una parte madrugada
agua fría

hielos y lágrimas y
cervezas
primitiva sola de cabeza abierta
boca abajo salada
el piso fresco
la galería y las ventanas
luminosa la entrada anticipada
quedó la resolana de la mañana anterior se prolongó en la noche mientras no estaba. volví y tirada se encontraba. la piza la almohada y nunca nada dar las gracias. esa luna expuesta irreconocible desencajada cara a cara
de nada de nada muchas gracias
nada y triste

afuera escucho los pájaros los autos los puchos los pájaros el jazmín los autos
pongo hielo en los ojos
la receta de la lágrima fría en la calle
o en una tela vacía
la cubro con blanco
una amiga nitida

soleada de cara de restos hermosos
de besos robados así
como dibujos en las sábanas
así pinto la noche y la madrugada
así con la cara partida puedo subirme al techo y esperar bendiciones
lágrimas de caída libre

*

La misión la pones vos
Un balance
Un círculo
Un triangulo
Como un núcleo divino
Una forma de poder alternativa
Ahí está todo.
Usemos las vías paralelas
Dejemos que la estrategia se expanda
Y ahora, mostrarme tu cara.
Digna.

Por Malena Vilches

Sudaca
Se nos vienen encima,
yo te digo que es muy difícil
escribir así. Se nos vienen
encima.
Otra vez están todos
hablando-nos, explicando-nos
y dando las mejores
justificaciones.
De nuestra circunstancia
todos hablan pero nadie dice
nada. Nada, nada.
El problema es que están
cagados en las patas
y por eso nos hacen boleta
siempre que pueden
y cuando no, también.
El problema es la mariconada,
las minas que se juntan en manada,
y que encima sean negras y villeras
y no den explicaciones de lo que hacen
dentro y fuera de la bailanta.
El problema son los tranzas
que son fiolos y violines
de los pibes rejugados
por la merca y por el hambre
y por el miedo a la gorra
que les mete picana y picana.
El problema es que
esperan que desaparezcamos
pero después se acuerdan
que si nos matan a todos
ellos se quedan sin
la carne y la sangre que los
viste, los alimenta,
les construye y limpia casas,
les aplaca los bajos instintos
y les deja la coartada
para el enemigo interno.
El problema es,
se nos vienen encima
y es muy difícil escribir:
así no se puede.
Vivir así, qué venís a hablar
de poemas.

Por Dulce Ma.Pallero

*
Un auto se frena en el medio de la calle

el conductor le pega a la mujer que lo acompaña

a puño cerrado, a culo fruncido

escupo la vereda y grito

aprendí a escupir con el tiempo

nada de saliva rancia y moco verde

escupo en tu nombre y el de todos

la chica baja del auto

nos agarramos de las manos y empezamos a correr

mis piernas están eléctricas

tengo asco, de olor a basura podrida en verano

la imagen de alguien destripado

los agujeros cosidos de una cirugía

El tipo también se baja del auto y nos empieza a correr

mientras los vecinos se encierran en las casas

 ella y yo, corriendo

ella y yo, escupiendo

hasta un grupo de personas, un grupo de mujeres

brujas bichas filosas

nos frenan la estampida

se quedan con nosotras

balbucean en caliente

el tipo frena, se queda tildado

como un borracho que recita poesías a su mamá

muerta y desilusionada

Ese día pensé que escapaba

Ahora lo sé

Estaba llegando.

Por Mercedes Galera

Soy un fuego que no podes apagar,

me nombro como una llama ardiendo.

Te prometo que no se extinguirá,

porque no es mía.

La realidad está en tus entrañas,

que son las de muchas que murieron.

Heredamos una antorcha,

debemos abogar para que no se apague.

Con un gesto sutil,

una conversación de iguales,

un cuerpo liberado.

Las cadenas no volverán.

Te prometo,

ese fuego se queda.

Hay muchas que están soplando,

o ventilando con palitas.

Ni el frío de estos tiempos logrará que aminore.

Será cada vez más grande

y todas las brujas quemadas se elevaran,

volverán para hacer justicia.

No te asustes,

estas rodeada de fuego,

de llamas vivas.

Defenderemos tu territorio porque no queremos más cuerpos desforestados.

Por Laura Rapallini

Bichitos de luces

Cuando aprendí a hablar clarito…
Yo: -Mirá, mamá… ¡Hay bichitos de luces!
Mamá: -No, hija. No se dice bichitos de luces, se dice bichitos de LUZ.
Yo: -No, mami; si son muchos… ¡cada bichito tiene su propia luz!
Recuerdo que se hizo un silencio. Las dos nos miramos sostenidamente. Mamá hizo ademán de intentar decir algo, pero, se retuvo. Fueron unos segundos en los que, debe haber pensado que no tenía sentido explicarme a mis dos años y medio la pluralización de este tipo de “palabras como compuestas”… En un momento me soplé un rulo que me caía en los ojos y no me permitía ver su hermosa carita. Ella sonrió y me alzó.
En sus brazos nos reímos y me dijo: -Hija, tenés razón… cada bichito tiene su propia luz. Acordate siempre de eso-
Ya han pasado muchos años de aquella vez pero, me sigo acordando de que “cada bichito tiene su propia luz”.

Por Daniela Esquivel

(5) Sentidos (5) Fuegos de gracia

(Uno)
Hoy exorcizo la violencia
que echaste sobre mi cuerpo mujer.
Y en este acto de bruja milenaria
el de todas las mujeres que llevo viviendo conmigo, drenándome las venas.

(Dos)
Hoy el grito me cuesta
el desgarro de las 4 cuerdas vocales
Y el miedo llega hasta vos,
repta tu pecho.
Te da una caricia fría en la nuca


(Tres)
Hoy me reivindico:
poderosa en mi sensibilidad
que no es ni cerca equivalente a tus quimeras:
poder militar, económico y político

Es tan fácil. Sin esquemas, tu imperio: cae.
Y cae por disparo de hembra.


(Cuatro)
Hoy la piel se te eriza como durante tantos siglos
se me erizo a mí.

Yo soy felina de cuero crispado,
con boca de dientes filosos
y 4 patas veloces
que esta vez no uso para escapar.

Porque en el liberador acto del grito
te devuelvo el miedo
antes de matarlo para siempre.

Esta es nuestra gran diferencia.
Sufrís ante el despojo de la armadura y me cuesta entender lo desorbitados de tus ojos ante la escena
Ahora sí, no hay más tiempo.
Te enfrento a tu histórica arma impotente para enterrarla y cavarle un pozo más profundo que tu desesperación.

Y llorá macho. Y ojalá seas capaz de reconstruirte en ese agua.
Es lo mejor que puedo desearte después de tan dolorosa espera.
(Cinco)
Estoy preñada de una memoria ancestral
El juicio nuestro es ético,
en ronda y desde el suelo


Tu violencia ciega olvidó mi poder paridor.
La hembra entraña
la tenemos bien lastimada, es cierto,
pero seguirá pariendo hijas inconformes hasta que la historia nos nombre


Por Josefina Garzillo

Manifiesto

Bailé en el Parakultural, Cemento, Babilonia
la Cantera de Hernández con Escombros
Omar Chabán me dijo que me parecía a Juliette Binoche y se ponía antenitas con pilas en la cabeza cuando cursaba conmigo -una amiga dice que que era para llamar mi atención, la verdad es que la llamó-
-igual después me bardeó porque mi obra era muy larga, bien neurótico como era-
me encantaba ir al pedagógico, a la escuela
salí con rockeros y otro tipo de músicos
algunos se hicieron famosos, otros no
mi tipo físico gustaba a arquitectos
sé de algunos compositores, escritores y cineastas que estaban re puestos conmigo cuando era joven
-me daba cuenta pero lo consideré siempre un homenaje pues fueron caballeros-.
Nunca fui cholula, ni lo soy ahora
no me importa eso
no presté atención a tipos ricos que me ofrecieron mucho, con respeto
sufrí mucho el machismo
intentaron violarme y zafé de un modo siniestro
recibí mucho amor
tuve mucho miedo pero fui muy osada
tengo mercurio en aries, siempre dije lo que pensaba
odio la cocaína porque sé de que se trata y el exceso llega en seguida
estoy viva por milagro
soy muy nerd
puedo estar en una villa miseria y luego en un palacio y me adecúo, no me descentra
me gustan los brillos
soy un poco maradoniana y un poco retro y vergonzosa
era elegante
fui punk
aprendí a golpes
no soy rica
que el arte esté en mano de ricos y snobs me da tristeza por la pobreza conceptual y también me resulta muy aburrido
puedo deprimirme mucho
soy de esconder públicamente lo que me pasa pero se me nota
no todxs entienden mi ironía
las personas flexibles me agradan
las personas generosas me agradan
siento que me falta tiempo
no sé ser buena madre aunque lo intento
suelo ser muy feliz
soy una niña salvaje y loca
me gusta andar sola
me gusta manejar
dudé si era gay muchas veces, sigo sin saber del todo
me gustan las plantas ¡mucho!
me gusta ser una más entre otras, creo que por eso me enganché con la danza
soy un poco una soldadito
mi romance favorito era el de la doncella guerrera
sufrí mucho por no entender a los tipos, demasiado
suelo ser bastante feliz
amo la amistad
me gustan las personas que se salen de las normas pero no son dañinas
detecto la impostura de lejos
necesito mucho de los demás
no me enorgullezco de donde anduve
me arrepiento de montones de cosas
dudo de casi todo
si siento orgullo de ser laboriosa y de estudiar porque me cuesta trabajo
¡pero me encanta!
me gusta sentirme útil para algo bueno
necesito implicarme socialmente
soy bastante feliz
soy sumamente escéptica
a veces soy demasiado impaciente
amo la disciplina
amo leer
me encantan las milongas aunque veo los problemitas
me encanta la gente
ser un bicho en medio de una fauna rara
soy muy curiosa
mi analista me dijo que hago muchas cosas para luego decirles que no
tiene razón
yo siento que elijo mucho cada cosa
cada vez más selectiva.
Soy hospitalaria
y hay personas que me cuidan mucho
sin ellas, no puedo.

Por Diana Rogovsky

*

Me metí en la ducha con los anteojos puestos,
no lo noté hasta que ya me había enjabonado:
ese es el nivel de alienación que manejo por estos días.
Durante la cena me entretuve
hurgando en mi sopa de letras Knorr.
Levantaba con la cuchara un montículo
esperando que se forme algo,
una palabra ordenada,
un símbolo,
un mensaje oculto de una especie de dios,
alguna instrucción o directiva a seguir en las próximas horas.
Pero nada.
Había una cantidad inusual de doblevés
que se interponían entre el destino y yo.
Intenté acordarme de las palabras
que había leído mal en la semana:
ambivalencia en vez de ambulancia,
emparedados en la remera de un señor
que en verdad decía empapelados,
y basta de depresión
en un cartel que hablaba de represión.
Las anoté en la misma hoja donde me recordaba
llamar a Juan para preguntarle
por ese basquetbolista llegado de Atlanta
llamado Jimmy Baxter
del que me intrigaba su destino.
Nos entretuvimos con los eventos
en nuestra ciudad de provincia,
una muestra de arte donde nos obligaron a tomar
el sudor exprimido de una toalla ajena
en un trago que sabía a anís
y nosotros, tan posmos,
lo tomamos como si nada.
Al otro día me dolió la cabeza fuerte
y no pude concentrarme mucho en nada,
y ahora que Ludovica te incluyó
en la lista de celebridades
bajo el signo de cabra
me parece que ya no tengo escapatoria posible.

Por Mora Sánchez Viamonte

El exilio no es posible

Porque cumplimos

la verdadera obligación

y somos nuestro propio

Diosmadre

porque caminar en la frontera

es borrarla

y no nos darán nada

nunca       

Ya tenemos

permanecemos

porque no hay adonde ir

Nos llevamos puestos

el suelo de la frontera

nos corta los pies

pero solo desde el centro

podemos ver para todos lados

Por Tatiana Fabrizio

La Fuerza

La fuerza arrolladora de los mares, es energía femenina. Jung dice que “el agua es la madre”, y entonces sería justo que dijéramos para siempre “la mar”.La luna es energía femenina que tiene el poder de equilibrar todas las cosas, y la tierra es vientre que se deja fecundar. La naturaleza, también femenina, siempre femenina, siempre nido, pone de manifiesto estas cualidades.
La mujer es fuerza, tiene fuerza. Siempre la ha tenido. Es capaz de sostener a los niños y a los hombres. Y a veces una casa, y a veces el mundo. No se trata de conquistar el mundo. No se trata de imponer con violencia una idea. Se trata de quitar como se pueda esa violencia, se trata de equilibrar como se pueda este mundo. Se trata de justicia. Entonces que no se nos subestime, porque miren. Que no se nos subestime, porque miren, aquí estamos, juntas, hablando.

Por Mariela Soledad Anastacio

Trascendencia

Como cada mañana, Marlene recorría el andén cinco de la Estación de trenes de Retiro. Como cada mañana, extendía su mano sucia para que algún ser piadoso le depositase unas cuantas monedas. Luego de eso, y tras juntar algunos pesos, como cada mañana, se disponía a desayunar. Generalmente no se apartaba demasiado de aquella zona, porque luego del accidente sufrido a sus quince años tenía tendencia a perderse con facilidad.

Entonces buscaba restos de comida en el tacho del andén cuatro, o a veces del tres. Ahí, con cierta frecuencia, encontraba algún alfajor a medio terminar o un sándwich enmohecido. Con eso le bastaba. Al menos hasta la cena, donde usaba las monedas en algún quiosco de la estación.

Durante el día y, para pasar las horas entre el desayuno y la cena, deambulaba casi sin rumbo fijo. Caminaba de andén en andén, intentando que los guardias no la vieran merodear. Porque, eso estaba prohibido, y ya la habían mandado a guardar un par de veces. No sólo por merodear. La gente se asustaba de ella. Y no era porque estaba sucia o mal vestida, ya que se vestía con lo que encontraba. No. Le temían a la expresión de retardo de su rostro. A sus labios torcidos, a su comisura babeante.

Y sí. El accidente había hecho estragos con ella. Por fortuna aquel evento trágico estaba bien guardado en los confines de su memoria, aunque en ocasiones, pugnaba por salir en forma de dolorosas alucinaciones. Pero luego de esos episodios, la amnesia la acompañaba y todo volvía a la normalidad, a su normalidad. Porque si realmente supiera cuánto tiempo la estuvo buscando su mamá quizás moriría, como ella, de dolor. O si supiera cómo aquél auto, que corriendo picadas, apenas la rozó y la hizo volar veinte metros haciendo que su frágil cabeza se estrellase contra el asfalto, eso la devastaría. O tal vez, los meses que estuvo en coma como NN en la terapia intensiva del hospital de la ciudad. No, si su cerebro recordase todo eso ella moriría simplemente de recuerdos.

Pero en su amnesia retardada, ella caminaba sin cesar. Y eso la mantenía escuálida en extremo. Horas de caminatas de un lado para otro habían hecho que su flaqueza extrema provocase asomar cada uno de sus relieves óseos. Que en alguna modelo hubiera sido digno de admiración, pero en ella demostraba sus metas inalcanzadas. Haciendo más grotesco su aspecto de abandono.

Al llegar la noche, y si ningún guardia la había pescado infraganti, Marlene volvía a su refugio del andén cinco, en un rincón donde nadie podía verla. Entre los enormes hierros que constituyen el freno hidráulico del andén, donde el tren tiene su última chance si todo falla, ahí en ese hueco, ella había logrado poner un colchón y unas mantas. En ese oscuro y sucio lugar, Marlene descansaba cada noche, como lo había hecho durante los últimos diez años. Y lo podía hacer de esa manera porque el servicio de trenes durante la noche se suspendía. Entonces nadie la encontraba allí. Y durante el día, ella misma lo cubría con una bolsa negra y grande evitando de esa manera ser descubierta.

Al día siguiente, todo comenzaba otra vez. Madrugaba muy temprano para que nadie encontrase su escondite. Desayunaba lo que podía y luego vagaba por la estación.

Sin embargo, una mañana de domingo lluviosa, se encontró con que la estación estaba desértica. Al parecer todos habían decidido quedarse en sus cómodas casas, mirando la televisión, idiotizándose con los programas de moda. Y ella sin tener nada que comer.

Marlene miró cada rincón de la estación. Era particularmente extraño que no hubiese ni un alma. Los tachos, vacíos. La cabina de la policía, desértica. Y lo mismo sucedía con los negocios, que normalmente vendían golosinas, o con la casilla donde se expendían los boletos. Se hubiese preguntado ¿qué sucede aquí? Pero su retardo sólo la hizo quedarse parada en el medio de la nada, con gesto idiota. No se animó a decir nada. No se animó a salir de allí. Sólo decidió volver a su refugio, ese que prolijamente había construido para sí misma.

Caminó mientras sus pisadas le devolvían un eco sordo, cerrado, lejano. El viento, que horas antes había arreciado, estaba detenido. El frío había cesado y ahora todo tenía una particular calidez. La calma circundaba y aunque eso podría aterrorizarla, sólo se sintió bien, pacífica.

Continuó con su paso, ahora más ligero. Notó, como alguien de su estado pudiese notar, que ya no le costaba moverse tanto. Sus piernas se movían con más libertad y hasta con un poco más de gracia. Entonces se apuró, ahora que podía. La lluvia se había detenido así tan bruscamente como ella había mejorado y entonces observó las gotas suspendidas en el aire, redondas, perfectas como ella. Y una luz atravesó su cráneo: el entendimiento llegó a sus neuronas. Y pudo preguntarse ¿Qué está pasando acá? Porque no era normal que las gotas estuviesen suspendidas en el aire, sin caer. No, eso no era para nada normal. Pero era bello, impactante. Y aunque no hubo respuesta para esa pregunta que ella lanzó al aire, no le importó. Y disfrutó del espectáculo que tenía ante sus ojos.

Las nubes se separaron y un rayo de sol se filtró haciendo que las gotas despidieran miles de colores. Marlene sonrió de pura felicidad y una lágrima rodó por aquella mejilla sucia. Extendió su mano y con su delgado dedo índice tocó una de las gotas suspendidas que se desplazó colisionando con otra y otra y otra y de repente, todas las gotas danzaban con un ritmo mágico y maravilloso. Y ya no era tan importante saber qué sucedía, sino lo realmente importante era disfrutar ese instante breve y único que la vida le ofrecía.

Pero la soledad era pronunciada y el temor de siempre afloró. Entonces, continuó en la búsqueda de su lugar seguro, tan sólo para constatar que seguía allí y que podía recurrir a él, en caso de necesitarlo. Caminó, casi corrió y al llegar solo había un bulto. Un bulto envuelto en mantas mugrientas y mojadas. Era aterrador y desagradable, en contraste con lo que había visto minutos antes.

Miró las gotas danzantes, el sol que seguía asomando. Se miró a sí misma, su túnica blanca brillante y decidió que danzar con las gotas era mucho más agradable y seguro. Sí, ese día, en ese minuto, en ese lugar donde trascendió sin saber cómo ni porqué, Marlene decidió ser feliz, sin dolor, sin hambre y sin frío.

A la mañana siguiente, el policía que cuidaba el andén cinco de Retiro, se encontró con la imagen del horror: en el escondrijo de Marlene, ese que él sabía bien que ella usaba por las noches, había un bulto envuelto, húmedo, sucio. Enseguida sintió un dolor en su pecho, una angustia que subió y le conmovió hasta las lágrimas. Dudó si tocarlo. Dudó. Entonces, llamó a uno de sus compañeros y juntos lo quitaron, con cuidado y mucho respeto. No se atrevían a abrirlo, no se atrevían a ver aquello. Pero debieron hacerlo. Suspiraron al unísono y capa tras capa quitaron las mantas. Finalmente, al destapar el bulto, miles de mariposas multicolores salieron volando al ver la luz y en el fondo de las frazadas, un rayo de sol, una gota de lluvia y la nada misma.

Por María Soledad Fernández.