AXEL KRYGIER: EL TRANCE DE SER OTRA COSA

Fotos y entrevista: Perro que ladra.

Con su obra, el compositor y multi-instrumentista Axel Krygier, traspasa  las fronteras genéricas de la música para crear lo que sería su propio idioma; su “nuevo creole”: un universo sonoro que no desperdicia  las  posibilidades  expresivas  de otras artes como  la literatura, la poesía, el cine, el teatro y la performance. Por el contrario, se toma de ellas y les pone apellido.

El pasado 4 de noviembre, gracias a Natalia Soulé, pudimos encontrarnos con este artista bonaerense en el centro cultural  platense  Cést la vie . Simpático, Axel nos invitó a su camarín y amablemente contestó a nuestras preguntas.

PQL: Axel, contanos qué te gusta leer y cómo influyen estas lecturas en la música que componés y en las letras que escribís.

AK: Efectivamente, me encanta la literatura; me gusta mucho leer. Ahora, cuando me pongo a escribir no aspiro a parecerme a ninguno de mis héroes, sino que pasa más por intentar decir en palabras algo que siento, simplemente. En general, va por las metáforas o por alguna asociación de palabras que me lleve a entender o a decir algo que me resulte misterioso o estimulante. La poesía en sí es un universo que todavía, creo,  no me he aventurado a descubrir. Es algo que debería prestarle más atención de aquí en adelante.

PQL: Sin embargo, tenés varias canciones que sus letras, concretamente, son  poemas. Vuelan las hojas, por ejemplo.

AK: Sí, es un homenaje a la poesía desde cierto punto. Quiero decir,  he escrito más poesía de la que leo. Leo más novelas; me gustan mucho los escritores rusos como Tolstoi, Dostoievsky, Bulgakov; esos me matan.

PQL: Relacionando la literatura con el teatro y con tu obra, ¿cómo es  ese mundo con los personajes que te rodean y/o con los que imaginás?

AK:  Pasa por sentir algo o por ponerse en el lugar de algo desconocido. Es como intentar hacer una transferencia de tu propio ser hacia otra cosa que no conocés . Es decir, voy a ocupar un lugar y  voy a percibir y decir desde ese lugar. Cuando uno improvisa o se mete en la carne de un personaje, el que sea,  puede ser un viejo, un loco o un estúpido, puede actuar como si fuera bajo otras leyes de la naturaleza y ser algo diferente. Podés ponerte en cualquier papel y trabajar desde ese lugar en el que tu propia acción no obedece a las leyes de tu propio ser habitual, sino desde esa locura que decidís encarnar.

PQL: ¿Se podría decir que la locura y lo retorcido forman parte de tu universo creativo? Tu show lleva como nombre Caótico y bailable, y en tus composiciones aparecen palabras, melodías  y texturas sonoras relacionadas  a la rareza, al peligro, a lo mágico y a lo cómico.

AK: Sí, pero no desde la enfermedad de la locura que es algo muy triste y también muy productiva si tenemos que admirar a los viejos locos que han dejado tanto, pero sin pretender acercarnos a ese grado de intensidad y sordidez que tiene la locura real. Me refiero más a dejarse ser en algo que  tiene otro tipo de riesgos. Se trata más bien del trance de ser otra cosa, y desde ahí uno puede generar poesía o cosas que no parten desde un  lugar de premeditación;  ni siquiera de búsqueda estética. No es conceptual; o si lo es,  se trata de partir desde otros límites que son los propios. Entonces, mucha de la música que hice no tiene otra razón de ser que la del juego de ese momento de ponerse en un lugar como si  uno fuera un viednamita tocando un instrumento al borde de un río, pero sin el rigor de pretender realmente ser un viednamita. Se trata de emitir los sonidos  desde un lugar de libertad.

PQL: Y para escribir tus letras, ¿tenés un proceso similar?

AK: Me siento a escribir, pero todo viene de un lugar así. Esos hallazgos vienen del  deseo por encontrar algo, y de repente torcés los ojos y ves en 3D.

PQL: Te aferrás a ciertas experiencias que viviste, te imaginamos visitando las cavernas de Lascaux…

AK: Las visité en una situación mucho menos romántica de la que hubiera querido, de un modo muy familiar y turístico. Tuve un maestro de piano muy genial que se llamaba Klaus Cabjolsky.  Era un alemán ultra culto; impresionante el grado de conocimiento  y sabiduría que tenía, y yo le pregunté si había visitado la India y otros lugares y me contestó que sí, pero en los libros. El tipo había leído tanto que era como si hubiera estado en esos lugares. Por supuesto que no es lo mismo viajar que leer, pero gran parte de mis viajes son aproximaciones mentales, sobre todo hablando de Lascaux y el hombre primitivo. La mente tiene que hacer un esfuerzo enorme para acercarce a los lugares que el cuerpo visita. Por ejemplo, cuando visité las cavernas de Lascaux; por los menos la gente que me rodeaba, miraba todo con cara de asombro, pero a la vez, no sé si se llega realmente muy lejos. Es decir, no sé hasta qué punto el turismo tradicional se vincula realmente con los lugares. Hay algo en lo que uno tiene que hacer un trabajo mucho mayor, un esfuerzo por acercarse a esas cosas. En el  caso de Hombre de piedra, me interesó esta  pura fantasía de que el hombre no había cambiado tanto en los últimos  treinta y cinco mil años, y paralelo a eso  tenemos una cultura que  nos impone estar en el año dos mil y pico; y en realidad, vamos a empezar a hablar en serio, acabemos con esta farsa de que la civilización arrancó hace dos mil años. Todo es muy anterior, mismo a la civilización judía que dicen estar en el año cinco mil y pico, y  la verdad es que ya somos viejos; no estamos empezando. En realidad ni siquiera somos tan viejos porque en la historia de la Tierra somos muy jóvenes, pero vamos: no somos tan nenes  como lo que decimos, no hay tanta excusa para ser tan idiota como lo somos, porque realmente no hay ninguna duda de que somos imbéciles. Pero bueno, con que unas pocas personas se den cuenta que somos imbéciles no se hace nada.

PQL: La letra de  ese tema nos parece un homenaje a la historia del arte y tambié hay algo de la ciencia. Hay pinturas y científicos desnudos.

AK: Exactamente, es arte y ciencia.  En algún momento tuve la idea de hacer una especie de película. Se trataba de juntar a todos los músicos amigos y hacer como una especie de experiencia paleolítica, tocando música desde ese lugar del no conocimiento, del no desarrollo de  la escala como escala moderna; jugar a eso. Luego ví un documental que planteaba la teoría o tesis de que  en esos animales pintados estaban los mapas de las estrellas, de las constelaciones tal cual estaban en ese tiempo. Era una investigación con láser en la que ponían los puntos importantes del dibujo y los superponían con las constelaciones más significantes para el hombre en cuanto a la orientación con el cielo. También tenían mapas del movimiento de la luna con una exactitud tremenda que datan del paleolítico. Todo eso te hace decir: pará un segundo, yo me pongo a mirar el cielo y no  entiendo nada, y un hombre de hace treinta y cinco mil años se sentaba y tenía la paciencia para decir: esto es así;  y eso que tenían un menor promedio de vida que el nuestro. Por lo menos a mi, pensar en todo eso me inspira mucho respeto.

PQL:  Hablás de una idea que tuviste de hacer un especie de experiencia cinematográfica, componés música para cine, teatro y danza; tenés una canción que se llama Rosebud y en todos tus discos usás lo que en la práctica cinematográfica se conoce como foleys para generar distintos tipos de atmósferas y sensaciones. ¿Además de la música que escuchás, considerás  al cine  como una fuente de inspiración?

AK: Rosebud es realmente el punto del Ciudadano Kane: ese objeto , ese juguetito.  Eso me pegó, ese tipo de cine es algo muy impresionante.  A mí me encanta el cine pero no puedo declararme cinéfilo porque soy un ignorante total, por lo menos de la gran producción de cine que se hace desde hace muchos años.  Sí, cuando era muy chico y de adolescente, iba a ver mucho cine polaco, alemán… Me vi todo Herzog de aquella época,  Andrzej Wajda, el capo de Tarkovski; eso me mató, todo eso. Fui cinéfilo,  pero realmente, de lo que veo de la gente que se dedica a ver cine, estoy en el horno. Pero sí me gusta mucho, y de las cosas más modernas me han impresionado muchas películas  como el Ladrón de Orquídeas;  incluso algunas más  comerciales. La canción más triste del mundo de Guy Maddin, que lo recomiendo fervientemente porque tiene un nivel que es infernal. Es una película de esas que están hechas como  yo querría hacer mis discos.  También me encanta Fellini y la música de Nino Rota. Creo que ha dejado una marca en varias generaciones. A  mi me hizo mucho bien y mucho daño, pero del bueno.  Lo digo en el sentido de que me ha producido un deseo;  un vacío tremendo, como  ganas de hacer algo así.  Siendo chico yo caminaba solo, antes de ser adolescente o con trece años, por una ciudad de la costa donde llegabas y no tenías ni un amigo,  con todo el tiempo para vos, pero tenías trece años y eso era mucho. Entonces, con unos auriculares y un walkman,  ir caminando con un casete con música de las películas de Fellini (de Nino Rota), o de Bach, de los conciertos brandenburgueses que son grandiosos. Y después te sacabas los auriculares y creabas tus propias sinfonías y creías que ibas a llegar a ser un músico sinfónico y ese deseo era tan fuerte que te podía llevar a realizar cosas para las cuales no estabas preparado. Y así es la historia de mi vida, siempre hice cosas para las cuales no estaba realmente preparado.

PQL: Muchos de los grandes directores  coinciden en que, para entender la esencia verdadera del cine, se debe siempre preservar el  misterio.  ¿En la música pasa lo mismo?

AK: No lo había pensando así pero seguro hay algo de eso. Para mi es importante no ser demasiado evidente en la búsqueda o en la represantación de lo buscado porque  me parece que a veces puede ser muy burdo el parecido que tienen las cosas con lo que representan.

PQL:  Sabemos que Laurie Anderson y toda la ola de música experimental  neoyorkina de los años 80 influyó mucho en tu forma de  componer pero,  entre la heterogeneidad de géneros que atraviesan a tus temas, se pueden escuchar ritmos y sonidos de carácter más latinoamercano como ranchera, calypso, bolero, mucho folclore y hasta san jarocho.  ¿Qué música escuchabas antes  de los neoyorkinos y cómo llegaba a vos?

AK: Sí, me gusta mucho México; es increíble. No estuve mucho teimpo pero sí lo suficiente como para conocer la músca del norte que todos escuchan. Estuve en Yucatán y escuchaban corridos y pregunte qué era y le entré mal. También Cantinflas y toda esa estética mexicana  me encanta. Después estuve mucho en Europa pero escuché mucha música, muchos discos. Me parece que muchas de la cosas que me han estimulado más vienen de casetes rarísimos que aparecían mucho antes de Laurie.  En un tiempo era muy amigo de Kevin Johansen, y de su madre o de algún familiar había llegado un casete de la Amazonia. Cantábamos todas esas canciones. Era cumbia, pero cumbia India digamos;  tremenda. Y música africana también; un disco de los pigmeos, pero antes de que salieran los discos de “A world of music”, de la UNESCO. Éramos chicos y esos discos nos volaban la cabeza. El de la Amazonia  lo nombro porque realmente lo agradezco. Después,  el africano no me acuerdo cómo llegó, quizás de algún loco/raro amigo de mi hermana. Los amigos de mi hermana trajeron algunos discos por ahí más conocidos  como el primer Peter Gabriel solista, que no era el Peter Gabriel world music, sino con sus primeras canciones que eran más densas, o Keith Jarrett o grupos de jazz rarísimos que editaba el sello ECM Record Channel. O sea, es toda una prehistoria muy intensa que me formó en el ritmo y además un grupo de gente que me adoptó cuando tenía trece años, que hacían folclore latinoamericano y argentino, pero argentino de avanzada tipo Cuchi Leguizamón, y también mucho joropo. Esos chicos tenían diecisés años. Yo era la mascota casi; tocaba la flauta. Esas cosas me marcaron realmente; se hacían peñas. Esa era mi realidad en ese momento y quedó en el recuerdo y en la formación.

 PQL: Tenés un tema que se llama Nuevo Creole. ¿Qué hay de consciente durante tu creación respecto a la gestación de un nuevo lenguaje;  que además, con ese nombre podríamos confirmar tu afinidad con lo crillo, lo ancestral o lo prehistórico?

AK: En ese tema, creo que el hecho de tocar el saxo; o más bien,  desde que empecé a grabar pude grabar varios saxos y hacer como mis propias líneas de viento con ese concepto un poco disonante que no inventé yo, por supuesto,  pero que viene de un amor por ciertas cosas que están ahí metidas en algún lugar.  Después , la guitarra de Yupanqui que es como uno de los…(risas) Yupanqui es un…(más risas)  Hay gente que ha dejado una huella muy importante…un Simón Díaz, un Yupanqui…cada uno tiene lo suyo porque hay muchos; pero no tantos.

PQL: ¿Y el calypso?

AK: Es otro de los amores por culturas que quien sabe porqué a uno le tira tanto, es tremendo. Sigo escuchando eso,  viejo calypso…(canta) London is the place for me… No soy un erudito en cuanto a los nombres. Tengo amigos de esos que sí pasan data, y me encanta. Yo absorbo y proceso, pero no soy uno de esos; lo puedo ser para alguien que no tenga tanto,  pero sí tengo amigos  de aquellos que pasan cosas, y es muy importante.

PQL: Para cerrar, uno a uno te vamos a nombrar algunos artistas que nunca te escuchamos mencionar, y que sospechamos, podrían formar parte de la banda sonora de tu vida. De ser así,  decinos lo que quieras al respecto.

  1. La Sonora Santanera:

AK: Tengo un disco, pero no me acuerdo cómo es…

  1. Moondog:

AK: Sí, es uno de esos tipos que está sin que lo veas, ¿será porque era ciego? Cuando lo conocí fue como: ¡Pucha! es tan perfecto, tan tremendo, me encanta.

  1. Lhasa de Sela:

AK: Sí, Secreto y Malibú está inspirado… Me lo mostró Cristian Basso que ya estaba influenciado y fue cómo… ¡Qué sonido! ¡Qué diosa! ¿Cómo se pudo haber ido tan temprano? Yo la adoraba.

  1. Goran Bregovic:

AK: Sí, Goran es un maestro. Mucha de su música tiene una raíz folclórica muy fuerte, y hay muchos temas que, apreciando la música original, uno ve cómo se funde en Goran . Él es un gran representante de esa música que es algo super folclórico, gigante y tremendo.

  1. Trío Los Panchos:

AK: ¿Por qué no? Y muchos otros,  muchos boleros.  Agustín Lara: un grande como Yupanqui y Simón Díaz.

  1. José Alfredo Jimenez:

AK: No tengo un disco de él, pero sí tengo a  Los Tigres del Norte.

  1. Tim Maia:

AK: Menos, muy poco.

  1. Hermeto Pascoal:

AK: Mucho. Hermeto fue un momento super intenso de niñez; juventud de los doce o trece años. Después no lo cultivé tanto pero lo fui a ver. Hay músicos que me dieron tanto en su momento que después no los seguí.

  1. Eduardo Mateo:

AK: Muy tarde, demasiado tarde como para que me haya influenciado pero me encanta,  es bestial.

  1. Walter Ferguson:

AK: No, no lo tengo.