Transformar el bruxismo social en memoria colectiva

Nos revolearon el mensaje por la cabeza, en su versión más neoliberal: Santiago Maldonado, muerto en una represión por fuerzas de seguridad dependientes del gobierno nacional, puede ser tan ficción como un spot de campaña.

Texto / Bruno Marchetto
Ilustración / Demian Garnero*

Ilustración por Demian Garnero

La familia acaba de comunicar que reconocieron el cuerpo por los tatuajes, es Santiago. Las palabras de la coordinadora del taller de periodismo cultural fueron brisa de muerte en las caras, en los ojos de quienes esperábamos iniciar la última clase. Fui consciente que era uno de esos momentos que no voy a olvidar en mi vida.

Con la aparición de un cadáver en las orillas del Río Chubut nuestros sentidos se perdieron en olores inadvertidos, sinsabores e imágenes confusas. Los medios de comunicación, Gendarmería y las manos lavadas del poder político intentaron manejar la temperatura de un pueblo adormecido de palizas, mentiras e idioteces:“Santiago no estaba en la protesta; está en Chile; lo vieron en Entre Ríos; no tiraré gendarmes por la ventana; aún hay un 20% de posibilidades de que esté en Chile; como Walt Disney; el testigo E lo vio ahogarse”.

Nos revolearon el mensaje por la cabeza, en su versión más neoliberal: Santiago Maldonado, muerto en una represión por fuerzas de seguridad dependientes del gobierno nacional, puede ser tan ficción como un spot de campaña. Desaparecido casi 80 días y encontrado en un lugar tres veces antes rastrillado. “Ya no hay realidad que les pertenezca como colectivo”, dicen entre gurúes y chistes ácidos; después serán memes de odio.

Los dientes rechinan, la mandíbula se nos endurece pero no termina de estallar porque no hay garantías, el estómago se nos estremece en cualquier momento, en cualquier lugar, en cualquiera de las plazas llenas que se niegan a no ver, a dejar pasar ¿Por qué mierda no somos más? Las miradas no traen consuelo, el desconcierto en este momento se manifiesta fatal. “Hagas lo que hagas, esto está pasando. Una marcha, infiltrados; una cámara, detenidos; un debate, una burla. No podés hacer nada”, otra vez la nueva conciencia que no queremos oír, pero que nos invade en con información en interlocutores que nos duelen: noticieros siniestros en la boca de amigos, de madres, de tíos.

El bruxismo colectivo (bronca, angustia, ansiedad) que nos genera que desaparezcan por casi tres meses a un pibe que protestaba cortando una ruta y que su cuerpo sea hallado en vísperas de elecciones, es nuestra realidad que aplasta en el dolor individual y al que posiblemente no podamos sobrevivir sin lesiones irreversibles, si no tenemos a quién aferrarnos. Dispersos, profundamente solos y heridos, no vamos a lograr abrazarnos a Santiago, a la lucha de Sergio Maldonado y al sufrimiento de su familia, que tiene un pueblo en vilo detrás.

¿Dónde y con quién estabas, qué hacías, qué sentiste? Es uno de los ejercicios que debemos proponer a quien tengamos al lado para actualizar la memoria. Es no perderse en la marea de aberraciones y llanto desesperado, es armar la historia que nos desarman todos los días, es encontrar el disparador para pensar entre todes. Lo único que vale, cuando nos refriegan en la cara que nada vale, es la memoria colectiva. No olvidamos, no perdonamos.

Es algo que no se puede sostener por su propio peso. No se puede tolerar por su propia naturaleza. Pero hay algo que, para bien o para mal, no se puede controlar con policía armada hasta los dientes, ni con escenarios montados desde lo perverso para ganar elecciones e instaurar el más despreciable, desigual y genocida modelo económico mundial. Ahí, enchastrados en el barro, desgarrados en el dolor y hermanados en la incertidumbre y la bronca, está el fervor de la memoria colectiva que no podemos dejar de construir. Mientras lo hacemos, cuidémonos entre todos y todas, por favor. Es consigna, que sea bandera.

*Más trabajos de Demian en: http://demiangadibujos.tumblr.com