Despiertense

Ahora que podemos responder a la pregunta que nos venimos haciendo hace más de dos meses, tenemos gusto a muerte en la boca. Santiago no apareció, porque lo queríamos vivo. Y las cosas que sabemos ahora a muches nos deja más confundidxs que antes, por eso vamos a la plaza aunque no nos convoquen las organizaciones de siempre; no esperamos que lo hagan, estamos en elecciones.

Pero decir que nadie nos convoca es mezquino, porque a quienes decidimos ir nos convocó la convicción de que a Santiago lo asesinaron, el miedo por sentir que los responsables van a quedar impunes, la certeza de que detrás de todo esto el pueblo mapuche quedó, si era posible, más vulnerado que antes y el respeto de entender que una familia que está en duelo y que pide justicia ya no debe hacerse cargo de convocar a una plaza, de organizar una marcha, de desmentir a los hipócritas dirigentes que tenemos.

A la plaza de ahora, muches, no vamos por las mismas razones que a la plaza de antes: vamos a decirle al gobierno que algunos de sus funcionarios son asesinos, que todos son encubridores y que no hay aparato mediático posible para convencernos de sus mentiras. Y la confusión social en la que estamos inmersos nos da miedo, porque en todos los encuentros que se dieron desde que supimos que ese cuerpo es Santiago hubo disturbios y porque a esos disturbios ya no sabemos qué nombre ponerle: anarquistas que con el enojo de haber perdido un compañero en manos de un estado al cual siempre, gobierne quien gobierne, entendieron terrorista; policías infiltrados que buscaban desarticular las protestas; organizaciones piqueteras que reconocen como violencia la exclusión social y no una piedra que vuela para romper un vidrio. Lo único que podemos decir sin dudar de todo esto es que a la plaza vamos a seguir yendo igual, sin saber cuáles son los resultados políticos de eso, si son o no funcionales, porque tenemos en nosotres una necesidad galopante de encontrarnos para pensar, para intercambiar ideas y discutirlas, para vernos en la calle y no a través la televisión.

Ahora sabemos que es Santiago y lo que no sabemos, sin embargo, es demasiado; resulta ridículo sentir que somos pocas las personas que seguimos haciendo preguntas, hoy que todes debemos ir a votar con la sensación de que hacerlo en estas circunstancias es, por lo menos, raro.

En medio de este horror que crece exponencialmente y que sabemos va a seguir siendo más oscuro por la profundización de la desmoralización que venimos sintiendo, a quienes integramos Revista Ramera lo que nos reconstruye el corazón en esta muerte diaria es encontrarnos en la calle. Es uno de los pocos momentos que nos hace repreguntarnos cosas mientras reafirmamos otras.

Ayer llegamos a Plaza de Mayo segundos después de una represión: la policía, atrincherada tras las vallas que rodean el Cabildo, reprimió a las pocas personas que estaban en la plaza hasta que un joven mapuche apareció con su charango asegurando que ésa era su arma y que iba a tocar hasta que se cansaran de escucharlo. La policía se replegó y él siguió tocando. Después, pateando el asfalto nos habló a todes: esto es lo que está mal, esto es tierra, despiertense, todos ustedes tienen sangre mapuche en las venas.