Rocola Bicha: Linn Da Quebrada

Creemos más en el costado de la hoja que en el cuerpo hegemónico del texto central, porque de alguna manera allí se oculta furtiva la tarea de aprehender: llevar consigo, encontrar en las voces de los otros nuestro propio aprendizaje necesario para potenciar nuestro hacer.

”Rocola Bicha”: notas marginales de HiedraH Club de Baile por Ramera

Texto // HiedraH Club de baile y Ramera

Foto // Viví Bacco

La intención de abrir este agenciamiento nuevo con las bichas de Ramera es poder encontrar en la escritura de notas al margen -y desde artistas que responden a ese margen- un compendio de preguntas en común, que hagan a la propia re-escritura de nuestros cuerpos, voces y movimientos. Creemos más en el costado de la hoja que en el cuerpo hegemónico del texto central, porque de alguna manera allí se oculta furtiva la tarea de aprehender: llevar consigo, encontrar en las voces de los otros nuestro propio aprendizaje necesario para potenciar nuestro hacer. Que las hiedras crezcan detrás de la fuente, trepando por la pared, furtivas y poderosas, para que de ellas se desprendan otros gajitos de ser, otros que vengan a comentar nuestros propios cuestionamientos. Una red de resaltados, dibujos, fragmentos para que el arte sea para deshacer. Ese es nuestro mayor propósito y Ramera es nuestro cuerpo.
Sobre el texto periodÍstico hacer marcamientos, notas al pie, tachados, resaltados. Hacer vivo el proceso de edición, no apelar al grado cero del mismo. Que se vea el recorte, la revisión, que se de ese juego entre lo escrito y lo editado.
Aquí nuestra primer entrega: Linn Da Quebrada.

 

Habiendo tenido una educación religiosa desde muy chica, ¿qué bases sentó eso en tu devenir identitario?

L: Me afectó a través de los límites y contornos que mi vida fue tomando. La cuestión es que hay algunas identidades vistas como un error y desviación al sistema; las cosas que yo reconocía como mis deseos, afectos y voluntades, me hacían sentir culpable automáticamente. Era como si tuviera que dar más de mi misma para ser parte, para pertenecer. Hasta que tomé las riendas de mi cuerpo y afirmé mi existencia como algo positivo, asumiendo el cuerpo. Este cuerpo.

¿Cómo empezaste a hacer música y qué significó en tu vida hacerlo?

L: Empecé a hacer música modestamente. En ese momento ya hacía cosas, ya creaba. Estaba metida en performances relacionadas al cuerpo, a la sexualidad, al género y a las relaciones. Percibí que muchas otras personas se identificaban o vivían cosas semejantes a lo que yo transmitía. Algo que siempre busqué con mi arte es el diálogo. Viviendo con Liniker Barros, una amiga cantante trans –de la banda Liniker y los Caramelows-, pude percibir a la música como una herramienta de comunicación. Entonces, sin pretensión alguna, comencé a escribir y a mostrar mis composiciones a personas cercanas. Empecé a componer no sólo como respuesta a otras canciones, sino también como respuesta a lo que estaba viviendo. Al hacerlo pude sentir la potencia de producir lenguaje. La música es muy accesible y así pude interactuar con personas que no estaban cerca. Logré establecer puentes y crear un diálogo.

Te definís como bicha trans negra y periférica, ni actor ni actriz, atroz. Bailarinx, performer y terrorista de género. ¿cómo se construye una identidad trans terrorista en un mundo heteronormado como el del baile funk?

L: Esas identidades se desenvuelven y se construyen en esta sociedad, aunque sea heteronormativa. No es una exclusividad del funk, sino todo lo contrario. El funk tiene muchas facetas, también puede ser un vehículo de transformación, combate e información.

Siendo una activista trans feminista que se expresa a través de este ritmo, ¿cómo lidias con los mecanismos que rigen los clubes? En ese sentido, ¿qué medidas tomás a la hora de hacer un show en vivo?

L: Todo esto ha sido muy nuevo para mí. Entiendo cuáles son los mecanismos de funcionamiento de esta máquina. Pero estoy en el juego, jugando con las posibilidades, comprendiendo lo que son las reglas y tirando a partir de lo que se va dando y lo que puedo hacer. Mi intento con los shows es generar relación con el público y las personas que están al volante conmigo para que todo acontezca. Teniendo esto en cuenta, vale la pena

En tu activismo le hablás a los cuerpos que no tienen voz, ¿quiénes son para vos esos cuerpos y cómo es la respuesta emocional de ellos en tus shows?

L: Primeramente hablo de mí, de mi cuerpo. Ese es mi punto de partida. Este cuerpo no está finalizado, pero está en un proceso constante de transformación. Con todo este movimiento he encontrado otras semejantes. Que al igual que yo, no sólo se reconocían en la música, sino en el arte de la representación en general.
La respuesta es impredecible. Está presente. Es la reunión. Está viva. Al estar haciendo esto, me estoy exponiendo. Y al exponer mis fragilidades, he encontrado mis potencias en otros cuerpos. Eso es lo que siento. Y de nuevo, hablo de mí y para mí.

Brasil, como toda la región latinoamericana, está atravesando un viraje a la derecha en sus políticas. ¿De qué manera afecta esta situación a las minorías activistas como el feminismo trans?

L: Afecta una vez más negando nuestros derechos, al dejarnos a un lado, al colocarnos en el margen. Como si no tuviésemos importancia. Y como somos la excepción a la regla, todo aquello que estábamos empezando a conquistar, se ve amenazado. Pero la cuestión justamente es movernos y no conformarnos con eso. Inclinar las relaciones políticas a nuestro favor. Pensar en la diferencia y ejercitar la alteridad. Pensar en los efectos de lo que está sucediendo, más allá del ombligo propio. Ponerse en el lugar del otro y la otra. Buscar información, saber lo que pasa, entender cómo eso nos afecta y tomar medidas colectivamente.