“Fui de a poco sacando las máscaras para desempolvar lo que yo sí quiero hacer”

Conversamos con Imaabs, el productor de Hype, el pack que ironiza los targets de la industria musical.

Conversamos con Imaabs, el productor de Hype, el pack que ironiza los targets de la industria musical.

Texo // Mercedes Galera
Fotos // Nahuel Colazo

El productor chileno Imaabs es también el filósofo chileno Cristóbal Vargas: un pensador que usa la música como lenguaje para llevar cuestiones políticas a la pista de baile. Como Imaabs sus producciones lograron circular por distintas partes del mundo, despertando interés como unx de lxs productores de música club de la región, pero su vínculo con otrxs productores de Sudamérica lo hermanaron con experiencias como la HiedraH Club de Baile en Argentina y Salviatek en Uruguay.
Pero antes de todo esto, cuando Cristóbal cuenta cómo fue que empezó a acercarse a la música, queda claro que su historia no puede desligarse de la realidad económica y social de Sudamérica, en este caso la realidad chilena: a los 14 años sus papás lo impulsaron a aprender a tocar algún instrumento musical para tener otras posibilidades a futuro, pensando en que los estudios podían no ser la salida. Es que en Chile la educación es privada y por eso, el Estado no determina el mercado de trabajo, generando así una sobreoferta de carreras que, según Cristóbal, tienen más que ver con venderte un deseo o una idea de algo, y no con el trabajo.
Pero lo que comenzó como una búsqueda para tener más opciones a la hora de encarar el mundo laboral, terminó siendo conjugado por Imaabs como una manera de entender el mundo; por un lado son sus estudios en filosofía los que lo ayudaron a establecer una mirada crítica de lo que él mismo habita, y por otro, es la música el lenguaje que lo llevó a conocer distintos lugares del mundo y a entablar lazos con diversos proyectos y personas para llegar a la misma conclusión: producir cultura desde Sudamérica siempre significará enfrentarse a un montón de obstáculos sociales, políticos y económicos.
Esto puede verse reflejado en su último pack, HYPE, que después de editar distintas producciones con sellos como NAAFI (mx) fue lanzado en enero de este año de forma autoeditada y con un mensaje claro: HYPE emerge sólo como un gesto quebrado, desde la derrota, desde ironizar con las falsas expectativas que los medios, las marcas, las poses y las modas producen.
Después de tocar en la HiedraH y en Salviatek y antes de despegar para tocar en otros lugares de América, Europa y Asia, conversamos con Cristóbal.

R: ¿Que pasó cuando empezaste a producir música?

Cuando entendí que ya estaba haciendo algo fue cuando trabajé el Baroque, es un Ep que editado por Diamante, sello de unos amigos en Santiago de Chile. Por un lado era una investigación sobre el Barroco, en la que utilicé ciertos aspectos de lo que se llamó neobarroco, pero puntualmente desde Severo Sarduy, escritor cubano que se exilia en Francia, eterna loca enamorada de Michel Foucault. Sarduy desarrolla varios conceptos que ahondan en el barroco o neobarroco, uno de ellos es lo hipetélico, en la cual desde un horizonte aparentemente delimitado, incluso en la naturaleza, hay acontecimientos o pequeñas rupturas que hacen de esos límites una burla, hay algo en ciertos organismos que los hacen ir más allá de los límites, así como los colores de una mariposa o de ciertos moluscos que sabiendo que encontrarán la muerte van más allá del límite donde pueden sobrevivir en el mar, lo hiperbólico también puede entenderse a partir del travestismo; el superar la noción de genero, o puntualmente una feminización de un cuerpo que por naturaleza no es femenino, es un gesto y un ejercicio que está más allá de la funcionalidad, o de la función real que instala la sociedad. Muy en contra de esta especie de higienismo que se construía a partir del siglo XIX que sexualiza a los cuerpos a partir de binariedad, encontrar el barroco latinoamericano o bien el neobarroco estas nociones, nos abren espectros bastantes amplios en términos estético/político. Y esa fue mi idea: mezclar un poco lo que tenía que ver con lo leído en Sarduy con el Ballroom y la escena Vogue, entonces de ahí nació Baroque y de alguna forma la gente empezó a ponerme oído globalmente, quizá ignoraban la investigación, quizá esa cruza llevaba algo más allá y ya podríamos empezar a hablar de ese metalenguaje que abre la música.

R: ¿Cómo fue la circulación que tuvo esa producción?

Paso que en el contexto que salió Baroque, todavía no había fiestas muy grandes y era una movida muy heterosexual, por así decirlo, y yo evidentemente no tenía musicalmente, un activismo real, más allá de darle importancia a lo Queer en mis clases de filosofía en secundaria de hombres, cuestionando todo el rato su masculinidad. De algún modo no tenía un activismo en teoría queer, o genero, por ende tampoco podía ir y apropiarme de eso, así como así, entonces decidí hacerlo desde una perspectiva teórica y fue muy bien tomado. Mucha gente en Chile está muy pegada con el House noventero, porque de alguna manera el House y el Techno a Chile nunca llegaron cuando tenían que llegar, entonces hay una ruptura muy potente, no estuvo ese paso del punk al techno como sí pasó en Europa, de algún modo nunca se vio como una chance política, y eso acá no se vivió porque la dictadura lo interrumpió, entonces la gente más politizada no ve a la música electrónica como una expresión política y activa de una realidad, post-punk. Entonces mi ejercicio fue medianamente pedagógico, era adaptarme a esa circulación del medio local y hacer la ligación, algo así como un ejercicio teórico-político que traté de agenciar con ese EP, y que finalmente trascendió más allá de Chile.

R: ¿Y qué genera el no ver una posibilidad política en la música electrónica?

La idea es que hay una problemática real ahí y es la despolitización total de la música en Chile; evidentemente hay una problemática laboral y cultural directamente, porque por un lado el neoliberalismo no te permite generar cultura y por el otro tampoco hay una escena en la que se paguen buenos sueldos, no hay gente que pueda vivir de esto, entonces al no existir se genera una despolitización total, una imposibilidad de que ciertos aspectos se conjuguen y por eso las rave terminan en gente que sólo se droga y que al final termina construyendo un arribismo social para decir “ Ey, escucho música electrónica y voy a una rave como si fuera Berlín” en una situación totalmente precaria. Se crea una burbuja bien extraña y bien facha y veo una incapacidad para transmitir un mensaje que genere comunicación entre la gente, o algo así como comunidad. Sigue ganando esa hegemonía latinoamericana de ver a la música electrónica dentro de una lógica de arribismo social, decir “yo no escucho reggaeton, escucho techno, soy algo así diferente, por no decirse una clase superior”.

R: Esta ruptura de la que hablamos también hace que la carta de presentación, por así decirlo, de lxs artistas de nuestra región en el exterior sea con la etiqueta prefabricada de latino. ¿Qué experiencia tenés vos con esto?

Por ejemplo en una entrevista en la que me hicieron el año pasado siguen ahondando en eso, me preguntan por el Bass Music y por las influencias británicas y es como que sí, son cosas que yo he escuchado pero no las siento tanto, entonces ellos intentan generar la traducción, para decir “bueno y esto raro de dónde viene” porque no asimilan que haya sonoridades de ese tipo acá, en Sudamérica. Pero si escuchas todo lo que es la música altiplanica y escuchas toda la influencia de música oriental que tiene, o la influencia árabe, porque tenemos inmigración árabe desde siempre en América Latina, entonces puedes entenderlo un poco más. Para ese tipo de cosas ellos hacen un crasheo bien feo tratando de reducirlo a su cosmovisión, pero siento que frente a eso yo también hice un poco ese juego de colocarme en los parámetros sonoros que ellos trabajan, como para torcerles un poquito la percepción, jugué ese juego pero desde donde ellos creen que estamos.

R: ¿ Y qué pasó?

Es extraño porque mucha gente que toca Techno toca mis canciones pero mucha gente que no también lo hace, entonces se genera otra problemática. Lo que siempre me complica es que todo esto que se llama Bass Music en donde se ligan varias cosas y termina siendo la peor categoría es muy… en Chile le decimos los zorrones, como muy man, muy paki, es como que en eso deviene el Trap por ejemplo, y el Bass Music termina en Skrillex o en Major Lazer, es un mainstream muy duro, donde Diplo con Skrillex terminan tocando reggaetón igual, pero disfrazándolo, y haciéndolo vendible, pero en otras esferas. Hay una apropiación total para hacer plata, y yo de alguna forma musicalmente sí hice cosas que tienen que ver con este inicio del bass music, así que no puedo decir: Ok, me desligo totalmente. La verdad nunca fue un lugar cómodo o que me representara, la verdad, fui de a poco sacando las máscaras para desempolvar lo que yo sí quiero hacer.


HYPE: Producir desde Sudamérica

R: Este año publicaste Hype, de manera autoeditada. ¿Por qué elegiste publicarlo sin sello discográfico? ¿Va por este camino de lo que realmente querés hacer?

Todo partió de un contexto poco ortodoxo, por así decirlo, la historia es larga, cuando fueron lxs HiedraH y Salviatek a México, el año pasado, para una concierto que se llamó “Cumbre Latina” con la idea también de hacer un documental para VICE. Gandja Monteiro, la directora, terminó haciéndose muy amiga nuestra y que al ver todo lo que hacíamos, quizo hacer el documental con un tinte más político, porque veía que NAAFI, Hiedrah y Salviatek, ya tenía este matiz, más político y pasó que a ella le gustó mucho como fui articulando enunciados, para explicar el agenciamiento de estas fiestas, colectivos, etc… el punto es que la terminología crítica y libertaria, el cliente la redujo a oscuridad, al punto que la marca decidió borrar mi participación y todos los enunciados más políticos, específicamente de HiedraH y míos. Habían llegado hasta un punto en el que la marca les cuestionaba la música, que no le parecía, puntualmente era una publicidad, y obviamente era un delirio lograr invadir o infectar de tal manera un ejercicio del capital, de mostrarse abierto y suceptible a como la cultura se reifica, post-crisis que ellos mismos generan, solo querían enunciados superfluos totalmente despolitizados, como si el mundo y la historia no existieran.

A la par estaban con que les faltaba algo para la fiesta y terminé haciendo un track, “Disolución” que es el track principal de HYPE. Y a partir de eso, fue raro, porque en definitiva le hice una canción a una marca y me pagaron guita por eso, pero para mí fue una situación muy extraña. Era esa irregularidad que se te genera, pensar esa ironía, en realidad mucha gente en Chile cree que me va bien porque he tocado aquí y allá, pero me tocó caer en algunos lugares, entonces yo quería ironizar un poco con eso, con como hay una cuestión de explotación de sí mismo también… no es que mandé ese track y como en una maquina tragamonedas salió el premio, mandé diez, y fue un trabajo; pero bueno eso es otro cuento.

R: ¿Cómo trabajaste esa ironía en la música en el resto de los tracks?

Hay un track que se dura como 12 minutos, ironizando los tracks de house que duran ocho minutos, es jugar un poco con eso. Por ejemplo, en términos de estructura uno tiene que ver con todo lo que les cabe a las clases altas en el planeta, que sea muy bailable y así; antes había sacado otro con un pequeño texto (Without Hype), que tiene que ver con el trabajo del sonido, está todo re distorsionado, re mal masterizado, está bien mal, con muchos procesos de compresión, fue jugar un poco con la idea del standard sonoro, fue jugar con varias cosas, varios elementos: como el sonoro, el político, de trabajo, etc…

R: Y lo autoeditaste, ¿en algún punto también jugaste con la manera de publicación?

Yo creo que eso es un desafío también a las marcas, porque editando así de alguna manera les estás diciendo no creo en tu sistema, no creo en tu idea de meritocracia, pero hay que construir, porque de otra manera se genera un bloqueo. Tengo ganas de hacer una editorial que no tenga la función de un sello, que no se encasille en una categoría, que también tenga una caducidad que se vaya a perpetuar en el tiempo.

R: En una entrevista mencionaste que hacer música en Chile o en cualquier lugar de Sudamérica siempre iba a ser difícil. ¿A qué dificultades te referís?

No quiero hacer una traducción directa, pero tiene que ver con la circulación migrante, la circulación del capital; de alguna u otra forma pensar en hacer música desde Montevideo, Santiago, Buenos Aires o desde todas las regiones de países como Bolivia o de Perú, es un riesgo siempre. Una primera dificultad es querer construir algo que no sea lo mismo que los códigos de clase nos quieren colocar siempre, en este sentido siempre me complica explicarle a la gente de lugares como por ejemplo Alemania, que en América Latina no existe una clase media como la que ellos tienen, al menos en Chile quienes son clase media son gente rica que tiene acceso a aprender inglés, a viajar, a comprarse equipos, pagar un mini estudio, etc. Ya por eso es re difícil.

R: Entonces las posibilidades de acceso son el primer condicionante…

Sí, pero por otro lado tiene que ver con que gran parte de las dictaduras como fueron de derecha metieron directamente el neoliberalismo, como en Chile que hasta el agua es privada. De alguna manera, al menos en allí, eso genera que haya gente muy cheta, cuica, que igual quiera hacer cultura: no les basta con su privilegio de clase. Y esto pasa en toda Sudamérica, la gente que es cheta y que quiere ser artista puede serlo, y como puede serlo, va y se empodera o bien apodera, y como tienen los contactos, la infraestructura social y los contactos- que las marcas te apoyen, que tal dueño del club era hermano del amigo del primo, etc- con esa red que ellos tienen armada juegan a ser proletarios, juegan a ser artistas, imponiendo sus códigos de clase, continuando con una colonización, hacen que cualquier cosa que tú quieras hacer siendo pobre, no tenga chances, más que el fracaso o esa idea.

R: ¿Y años después, creés que en esta realidad condicionada por el neoliberalismo se puede revertir algo, modificar algo?

Chile tiene una realidad muy compleja porque hay un anarcocapitalismo total, la gente sigue creyendo en la estructura del estado de bienestar, se cree en una idea muy europea de que si tú tienes una carrera profesional no necesitas del estado, por eso se vende una idea de que todos tenemos que ser profesionales. El más pobre se tiene que endeudar a 20 o 30 años para pagar su carrera y después nunca la puede pagar. El neoliberalismo es terrible, pero sí te genera ciertas fugas y parches en los que uno sí se puede apropiar de cosas para generar una contrapropuesta o resistencia o algo, un bolsón de aire, una fractura, etc… nos forman para que seamos totalmente adoctrinados, entonces no vemos posibilidades. Hay cosas que yo puedo hackear desde afuera y mover ciertas piezas para poder salir de ahí, pero la mayoría no, todos siguen viajando en el metro con el mismo color de ropa, escuchando a los mismos productores de música electrónica que hacen House y Techno, todo en una uniformidad y pretensiones institucionales bien rígidas. Yo creo que hay que construir fugas, pero al menos en esos parámetros en Chile lo veo muy difícil, porque aunque hay gente que se atreve, se atreve desde una individualidad. Al final allá a Tomasa del Real le va bien por su irreverencia, más que por su consistencia, y como no puede ver que su irreverencia es política entonces lo ve como “ah porque soy yo”. Todo gesto nuevo se reduce a eso, a un yo solipsismo que cree que es único, lo que hace que se despolitice totalmente.

R: En relación a lo colectivo, cuando participaste vía Skype del espacio que la HiedraH tuvo en el congreso de escena política, a fin del año pasado, hablabas un poco del lenguaje en medio de todas estas ideas que compartían lxs hiedrah de construir cultura de manera colectiva.

Creo que uno puede protestar y está bien, pero hay que pensar en otras formas. Lo más complejo es que ya de alguna u otra forma todas estas pequeñas revoluciones que parten no sé, del 2008 en adelante o incluso antes, ya han sido derrotadas y la derrota es algo que tenemos que asumir, no podemos ser tan ilusos. Vamos a hacer cosas pero pensemos de qué formas las hacemos, hay gente que ya dice que tiene que ver con una lucha de mundos, que las respuestas están en la cosmovisión indígena más que en seguir tratando de pensar que en una realidad totalmente capitalista puede estar la solución, cuando en realidad lo que están construyendo es cómo dejarse manejar, y como los gobiernos gestionan las poblaciones a partir de eso y cómo éstas pueden ser rentables para el capital, como la inclusión social, la diversidad, etc.

R: Y en todo este panorama en donde vos decís que hay que encontrar las fugas, los baches, se producen experiencias que se hermanan entre sí como la de HiedraH Club de Baile en Argentina o la de Salviatek en Uruguay, como ejemplo, ¿Te parece que están desaprendiendo algo de manera colectiva?

Siento que cada vez más somos los anormales directamente, hay un problema con el tema de guita, de supervivencia, al final siempre terminamos ganando cosas por otros lados pero es una realidad que también te termina desmotivando. Aún así, tengo más fe – no en términos cristianos- de que van apareciendo cosas, hay que sumar estrategias y no pensar que todo va a ser tan idílico y autogestionado porque el capitalismo hoy también funciona a través de la autogestión, todas las nuevas empresas operan de esa forma. Y esa revitalización que le dieron al capitalismo, de creer que la autogestión por sí misma es una forma de resistencia, pero son formas que son válidas. De alguna u otra manera el neoliberalismo establece una especie de red de control que parece ser totalizante y neutralizante pero a veces hay fugas, hay maneras, muy finas, hay que jugar el juego pero no creérsela. Pasa con muchos ejemplos de gente que hace ese juego y termina volviéndose por completo una empresa, creo que cuando el poder se centraliza hay que dejarlo todo.

R: Y habiendo tocado en distintos clubes del mundo, ¿qué es lo que encontrás distinto, si lo hay, en las fiestas que venimos mencionando? Algo que quizás, pueda suceder en la pista de baile de la HiedraH y no en otro lugar.

La verdad es que es diferente, recuerdo un evento muy grande en el que toqué en Miami y se mezcló el público, aquellos que escuchaban reggeaton mezclados con gente más drag y fue bonito que eso pasara. El tipo de fiestas como la HiedraH o lo que era NAAFI hace un buen tiempo, apuntan mucho a juntar gente que no se va a juntar jamás, a verse, a compartir, eso es lo que encuentro interesante que en Latinoamérica se da más. Se generan esos cruces de clases, de identidad sexual, y a partir de eso se van generando otras cosas como lo que generó la HiedraH, que se yo, pequeños conversatorios, a tomar la calle, a trabajar con otros colectivos, ahí es cuando todo se vuelve más interesante, cuando no se queda cerrado en sí mismo y hay un devenir político, que de verdad cuestione y haga del encuentro de cuerpos en la fiesta algo real.