Laberinto: nuevos modos de enseñanza audiovisual para niñxs

Texto: Emmanuel Milwaukee

Fotos: Laberinto: taller lúdico de cine para niños.

Victoria Potenzoni y Juan Araya (La Pote y El Mae), estudiantes avanzadxs de la carrera de Artes Audiovisuales de la Facultad de Bellas Artes de la UNLP, iniciaron en 2016 el proyecto Laberinto, un taller lúdico de cine para niñxs en La Plata. Con distintas inquietudes y trayectorias en la docencia y en el teatro, estxs dos realizadores se propusieron elaborar una metodología de enseñanza de artes audiovisuales para chicxs, fusionando el trabajo técnico de imagen y sonido con ejercicios teatrales que les permitan a lxs participantes del taller expresarse corporalmente, trabajar en equipo y estimular sus capacidades creativas.

Durante la primera edición de Laberinto, en 2016, realizaron el cortometraje “El reino de las cosas sin sentido” (lo dejamos al final de la entrevista), donde narraron una historia escrita en conjunto e incorporaron distintas técnicas de tratamiento de la imagen. Lxs chicxs participantes del taller actuaron y también ejecutaron la realización técnica con ayuda de Victoria y Juan, con métodos lúdicos para la enseñanza y la ejercitación práctica.

En abril Victoria y Juan dieron comienzo a la edición 2017 del taller y hace algunos días viajaron a Montevideo, donde participaron de la convocatoria “Encuentros en la escena”, del Instituto Nacional de Artes Escénicas de Uruguay. Fueron invitadxs por el Colectivo La Tijera -colectivo de teatro infantil- a formar parte de un laboratorio de investigación sobre nuevas prácticas de la dramaturgia interdisciplinar para niñxs.

Antes del viaje conversamos con Juan Araya sobre la experiencia en Laberinto.

¿Cómo se originó este proyecto de un taller de cine para niñxs?

Laberinto comenzó porque con La Pote (Victoria Potenzoni) queríamos armar un proyecto en el cual podamos trabajar vinculando nuestras experiencias laborales y lo que hemos ido aprendiendo en el camino. Yo me formé en teatro en Costa Rica y venía trabajando con chicxs de primaria como acompañante terapéutico y La Pote es profesora de artes audiovisuales, también se formó en teatro y fue a una escuela de arte en San Juan. Un día surgió la idea de hacer un taller de cine para niñxs. Porque no hay talleres de cine para niñxs, es algo raro. Hay de plástica, teatro, pero no hay de cine. Y es un desafío. Enseñarle cine a niñxs puede ser tedioso, sobre todo si uno se lo enseña desde la parte más tradicional y técnica del cine. Entonces nosotros empezamos a pensar cómo hacer un taller de cine accesible para chicxs.

¿Cómo consiguieron darle forma?

Nos interesaba la metodología de taller, el probar, hacer, trabajar en equipo. Probar todo el tiempo. Llevarlo un poco hacia el teatro. El teatro es muy lúdico, en el teatro se aprende jugando, se trabaja en grupo. Dijimos vamos a intentar una metodología de enseñanza de cine donde podamos aplicar toda la experiencia que traemos nosotros dos en ese campo. ¿En qué se parecen el cine y el teatro? Hay una historia y esa historia se representa. Claramente son diferentes, pero la enseñanza puede ser similar. Pensábamos que podía ser interesante armar un sistema de aprendizaje similar al del teatro, más lúdico y más divertido, pero aplicado a la realización de un cortometraje. Y por otro lado, entendiendo el cine como un arte en el que la actuación o la tarea del actor es parte del arte cinematográfico. En las escuelas de cine eso casi no aparece o está muy separado. Vas a un rodaje y está todo el staff de una lado y los actores del otro, una cosa muy separada y el actor no termina de entender cómo se hace una película o viceversa, siempre lo que menos se sabe es dirigir a un actor.

¿Cómo está planteado el trabajo en el taller?

El taller está separado en dos partes. Una primera parte de teatro, una clase de teatro. Llegas a una clase de teatro y lo primero que haces es cambiarte de ropa, ponerte ropa cómoda, hacer trabajo corporal. El teatro trabaja mucho con las energías, con los climas y el cine, para nada. El cine es frio, es más técnico. También lo pensamos como un espacio de estimulación creativa, estimulación de la imaginación. La idea nuestra era, porque son tres horas, cómo hacer para que no se aburran. Entonces dijimos que en la clase tiene que haber algo de expresión corporal, algo que tenga que ver con la metodología del teatro, con el cuerpo, con el juego, pero que a la vez nos sirva para introducir la otra parte de la clase, para ir acercándose a lo cinematográfico.
En el medio hay una merienda compartida, una merienda y no un recreo. Un espacio que sirva para generar el clima que es necesario, el trabajo en equipo, el compartir. Y mientras estamos merendando hablamos del ejercicio que hicimos y solemos ver videos que comiencen a introducir cuestiones vinculadas a lo técnico.
¿De qué le sirve a unx chicx venir a hacer un taller de cine? ¿Va a aprender a hacer una película? Y no, tal vez no. Ni siquiera nosotrxs nos sentimos con la potestad de decir “sabemos hacer una película”. Pero sí le sirve para que entienda el proceso y para que el día de mañana, cuando vea una película, sepa qué hay detrás de todo eso, que sepa que ahí hay un staff, que entienda que existe una gramática de las imágenes, para que aprenda o tenga una noción, al menos, de cómo leer esas imágenes, cómo leer una peli, no creerse todo.

¿Qué contenidos ven lxs chicxs a lo largo del taller?

Nos planteamos dar fenómeno de la luz, cómo funciona una cámara y para entender eso había que enseñarles fotografía, entonces trabajamos con cámaras estenopeicas hechas por nosotrxs. Después, sonido. Viste que en la facultad cuando quieren hablarnos del sonido nos dicen: una película es 50% sonido 50% imagen. Hay que darle lugar al sonido. Y para mí y La Pote el sonido es hasta más importante que la imagen. Porque el sonido está ahí siempre, no se puede evitar, como en el cine de terror. Y el sonido por lo general no se trabaja bien, no se trabaja creativamente. Entonces esa es otra gran prioridad en el taller. Después la parte de guión y a lo último hacer un trabajo. Pero la parte de guión lo planteamos desde el juego, desde los ejercicios teatrales, seguir personajes o situaciones que surgieran jugando. Cosas que les haya parecido divertido a lxs chicxs. No queríamos plantear una clase de escritura de guión, de sinopsis, de escaletas, eso no. Nos pareció mejor trabajarlo desde el juego, construir una historia a partir de lo que aparezca ahí. Lo planteamos así, que lxs chicxs empiecen a estimular su imaginación y su creatividad para crear una historia desde los mismos juegos teatrales que íbamos haciendo. Con La Pote estábamos muy atentxs a que ellxs vayan registrando esos momentos, para después retomarlos para hacer una historia.

Realizaron como trabajo final un cortometraje que se puede encontrar en youtube y que se llama “El reino de las cosas sin sentido”. ¿Qué nos podés contar de ese proceso?

Hicimos un ejercicio de teatro que se llama el donde sonoro. Entre todxs se ponen de acuerdo para crear un espacio sonoro en la oscuridad. Es una puesta en escena sonora, un clima. Les hicimos escuchar un cuento de María Elena Walsh, que se llama “El diablo inglés”. Escuchamos un audio del cuento, narrado por María Elena, que al mismo tiempo hace las distintas voces de los personajes, con sonidos ambientes que también narran. Lo escuchamos y lo analizamos, analizamos los sonidos, cual es foley (efectos sonoros), cual es diálogo, cual es música. Después les llevamos la idea de hacer un cuento, un cuento hecho por ellxs y que lo armemos entero desde el sonido, sin imagen. Llevamos algunos fragmentos de diálogos que ellxs fueron eligiendo y se fue armando una historia, con personajes y lugares. Y se armó una historia de unxs chicxs y un guardián de las dimensiones, que están en un bosque y abren un portal y se van al fondo del océano infinito con sirenas voladoras y cangrejos. Se imaginaron cosas que uno nunca podría imaginarse. Después hicimos la imagen en base al sonido. Ya habíamos hecho ejercicios de escenas con personajes que habían sacado ellxs jugando, como si fuera teatro. Y después poníamos la cámara y ellxs se iban turnando en la cámara o haciendo sonido. El último mes del taller fue para grabar el video final. Ahí nos metíamos más nosotrxs y les llevábamos distintas técnicas, para ver qué les interesaba, hicimos stop motion, por ejemplo. Con eso se engancharon mucho, siempre jugando un montón.

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