El gobierno de la diferencia

por / Mercedes Galera

Es fácil comprender las razones por las cuales la Marcha Federal Educativa culminó con alrededor de 400 mil personas en las calles de Buenos Aires y con un paro de 48 horas: lxs docentes están exigiéndole a su presidente y a su gobernadora que cumplan con la ley. Para cumplir con la ley el gobierno debe convocar a paritarias libres, un derecho que l*s docentes adquirieron a través de una ley sancionada en el Congreso en el año 2005, y debe dar marcha atrás con las medidas inconstitucionales que tomó María Eugenia Vidal la semana pasada, cuando anunció un reconocimiento extraordinario a aquell*s docentes que decidieron no adherirse al paro. Mientras tanto, como si se tratase de una realidad paralela, Mauricio Macri y sus funcionarios hablan de la era del diálogo pero eligen desconocer quiénes son los interlocutores: el Estado y sus trabajadores.
Hasta ahora, ese diálogo se traducía en paritarias nacionales, que hoy parecen no ser necesarias para Cambiemos. Este conflicto se extiende al resto de l*s trabajadores, ya que una importante pregunta se desprende de la negación de paritarias a l*s docentes: si el Estado, el que debe garantizarles a l*s docentes que sus derechos laborales sean respetados, responde con la toma de medidas inconstitucionales, ¿qué sucede con aquell*s trabajadores del sector privado? ¿ante quién pueden recurrir cuando sus empleadores no actúen acorde a la ley?.
Las razones de la lucha docente son claras y el aumento salarial es sólo la punta de su reclamo, esto lo puede ver cualquier persona que decida acercarse a la calle cuando se produce una movilización, o cualquier persona que decida acercarse a una escuela pública y se encuentre con los reclamos históricos que van desde la infraestructura hasta las condiciones laborales de los equipos docentes. Sin embargo, el terreno es demasiado turbio, demasiado pantanoso, porque es el propio gobierno nacional el que decide desprestigiar la educación pública y levantar banderas de guerra contra l*s docentes, quienes causalmente son demonizados por los medios de comunicación.
Los carteles que se vieron en la marcha de ayer retomaban, en su mayoría, una frase de Mauricio Macri cuando se refirió a las diferencias entre aquell*s que pueden ir a la escuela privada y aquell*s que deben “caer” en la educación pública. La salvedad de que estas palabras fueran pronunciadas por el Presidente de la Nación no es menor, ya que quién está desprestigiando la educación pública como si se tratase de un castigo es nada menos que el mandatario que debe garantizarla, en un país democrático que tiene dos derechos históricos y consagrados, la educación y la salud pública. En la calle, mientras tanto, los carteles se levantaban reafirmando que aún tenemos la conciencia colectiva de defender nuestros derechos y nuestro patrimonio cultural común, pero afirmando también que las políticas del actual gobierno retroceden al menos una década las conquistas del país.
No se trata de una frase desafortunada del presidente, se trata de la postura ideológica de un gobierno que quiere ir contra los derechos que él mismo debería garantizar. Esas palabras fueron dichas por Macri en el marco de una conferencia en Olivos, en la que publicaron los resultados de los exámenes Aprender que realizaron durante el año pasado, unos exámenes de múltiple choice que fueron denunciados no sólo por l*s docentes, sino también por l*s estudiantes. Esos resultados fueron completamente negativos y el gobierno de la nación eligió nada más ni nada menos que una de las jornadas de paro nacional docente para darlos a conocer, un día antes de la Marcha Federal Educativa. Y apoyando al presidente, los medios de comunicación con sus tapas que estigmatizan a aquellas personas que se están formando y se formaron en el sector público.
La frase de Macri, con querer o sin querer, desnuda aún más aquello que realmente le interesa a este gobierno que ya fue tildado muchísimas veces como un gobierno de CEOs: hacer rédito de cualquier cosa que pueda convertirse en negocio. Por supuesto, rédito privado. Lo que se está viendo en la Argentina no es el macrismo como una fuerza política que intentamos desarmar y comprender, sino el macrismo como nueva cara del neoliberalismo, viejo y conocido cuyas fórmulas ya deberíamos conocer de memoria. Mas allá o más acá del conflicto particular que está atravesando el sector docente, se trata una vez más de l*s docentes defendiendo la educación pública, nuevamente, lo público luchando contra lo privado.
Lo simbólico en la frase del presidente se traduce en hechos, en decisiones que vienen siendo tomadas por el gobierno desde su asunción y que van en contra de todo discurso de equidad; a través de los tarifazos, de la destrucción de la industria nacional, de la persecución ideológica, de la demonización de la lucha y, principalmente, de la violencia institucional y discursiva que desprecia sistemáticamente todo aquello que sea público, Cambiemos se encarna como el gobierno de la diferencia. Sin embargo, la matriz cultural que se instaló en los últimos años a lo largo de toda la región latinoamericana sigue presente, con la fuerza de las movilizaciones masivas en las calles para exigir sus derechos diciéndole al gobierno a gritos que el pueblo argentino ya aprendió que defendiendo a los más poderosos, quienes siempre pierden son todos los demás.