NORMA

Esta Norma era una anti normas; y como tal, indicaba y militaba que el jubilado no podía creerse escoria ni quedarse quietito en un asilo que con suerte pudieran pagarle sus hijos. “No llore señor ministro, no llore.Tenga fuerza para defender lo suyo”

texto / Lucía Pacheco
ilustración / Agustín Solís

Esta Norma era una anti normas; y como tal, indicaba y militaba que el jubilado no podía creerse escoria ni quedarse quietito en un asilo que con suerte pudieran pagarle sus hijos. “No llore señor ministro, no llore. Tenga fuerza para defender lo suyo” “Usted tiene madre… pero seguro que no está en la Plaza Lavalle con nosotros. Debe estar mejor” le dijo a Cavallo, el principal responsable de la convertibilidad y los recortes inhumanos de los 90, que lloraba mientras tanto para las cámaras de TV. Norma Plá murió a los 63. Antes de eso sufrió cáncer de mamas y hasta entonces fue una enorme luchadora por los derechos de los jubilados de Argentina. “La abanderada”, como le pusieron, se enfrentó a las lógicas del putrefacto Estado que apenas le tiraba unas monedas mensuales por su trabajo de toda la vida. Bajo consignas que reclamaban una mínima de 450 pesos, Norma y los jubilados marchaban los miércoles, y cortaban la calle. Acampaban en Plaza Lavalle. Viejita y enferma, viuda con 4 hijos, ama de casa, calladita, dicen quienes la conocieron mucho que cuando agarraba el megáfono se transformaba en la leona que podemos ver en cualquier archivo de youtube. Que luego trepaba un portón altísimo o se enfrentaba con la policía. Que la llevaban presa y saludaba desde el patrullero. Que no estaba loca. Que no le temía a nada. Y que la extrañaron mucho cuando el aumento por fin llegó diez años después de su muerte.
Es que esta Norma era tan anti normas! .. En otros tiempos, las Madres de Plaza de Mayo hacían lo suyo. Eran madres y no padres porque entendieron que podía pasar inadvertido mucho más fácil un grupo de mujeres reuniéndose a menudo. Para la lógica militar parece un razonamiento muy acertado, pues la mujer tiene un lugar menor en cuestión de decisiones colectivas. Lo es también para los sectores más conservadores de la sociedad. Y para los inadvertidos, claro, que no las conocieron ni a ellas ni a Norma, ni hoy a Milagro Sala.