Escritos y pensamientos de una pendeja trans de diecisiete años: Un orgasmo trans adolescente

por / Carolina Unrein

Cuando la sexualidad femenina es planteada como tópico de discusión aún en el siglo XXI, en el año dos mil diecisiete, es objetificada de escandalosa, polémica, y por ende evitada y minimizada. La mujer (sexualmente) empoderada es un personificado ataque contra la opresión patriarcal que nos obliga a avergonzarnos de nuestra realidad y percepción y acomodarnos al deseo sexual del hombre común.

El silencio es aún mayor cuando se trata de la vida sexual adolescente consciente y su natural auto-exploración. Demás está decir que cuando finalmente se abarcan las problemáticas de la vida y la sexualidad adolescente siempre se lo hace desde una perspectiva adulta, y nunca desde una vista propiamente joven. Y como si eso no fuera suficiente, la sexualidad de las personas trans, o en general, la sexualidad de las personas que ejercen sexualidades disidentes, es aún tan poco visibilizada y representada que sigue siendo una pregunta común el por qué una mujer trans transiciona si solo va a tener relaciones sexoafectivas con mujeres. El concepto de diferenciación entre identidad y atracción resulta muy complejo para muchas personas hasta este día. Mi punto es que, la sexualidad trans adolescente es una temática sin ningún tipo de exploración profunda o superficial. En cierto modo, es por esta misma razón que elijo hacer manifiesto, con esto, de la exploración de mi sexualidad, la sexualidad de una pendeja trans de diecisiete años.

Para empezar, los vínculos sexoafectivos y emocionales que he tenido siempre han dejado bastante que desear. No puedo decir que haya tenido demasiada suerte, mucho menos cuando se trata de pakis. Vivimos en un régimen de desigualdad patriarcal en el que al varón cis le es casi naturalmente imposible imaginar la opresión sistémica por la cual es sometida una mujer diariamente. Por lo tanto, el paki pierde la noción de sus privilegios constantemente y de su influencia sobre la trans, la gorda, la puta, la pendeja, la madre soltera, la negra y el lado frío de la cama. El planteo de relación entre un varón cis y una trava furiosa es una mentira que pocas viven. Sin embargo, esto jamás resultó en una auto-prohibición para explorar no solo mi genitalidad y cuerpo mutante sino también qué es lo que me erotiza cuando llega la hora de amarme a mí misma. Por lo menos subjetivamente.

Y en este acto de amarse y encontrarse a una misma, no solo exploré infinitas dimensiones de sensaciones tangibles e intangibles, sino que eventualmente también descubrí que, dentro de mi transición psicológica, física, emocional y hormonal, existe, además, una transición que no solo es sexual, sino también orgásmica.

La presencia de la masturbación durante la transición y la adolescencia es fundamental para el encuentro y entendimiento de nuestrxs cuerpxs, funcionando como un gran acto de amor propio y por ende como una potente herramienta política.

Cabe aclarar que cuando titulo “un orgasmo trans adolescente”, hago mucho encapié en el un, porque, la mayoría del tiempo, la vivencia (y en especial la sexualidad) trans no es homogénea bajo ningún punto de vista. Mi experiencia personal no es representativa.

Siguiendo esta línea de subjetividad y experiencia personal, he construido, a lo largo de mi transición, una vivencia sexual que puede ser definida como “estar de los dos lados” de la manera más burda pero cercana a conceptos con lo que se está más familiarizade posible.

Para poder hablar más específicamente sobre la propiamente dicha sensación de transición orgásmica adolescente, considero necesario intentar explicar las similitudes (de una manera bastante reduccionista y binaria) entre lo que llamamos los aparatos sexo-reproductores “masculinos” y “femeninos”. Mientras en el aparato “masculino”, por llamarlo de alguna manera, existe un escroto, dos testículos, una glande, y un pene, en el “femenino”, existen labios vaginales, dos ovarios, un clítoris y la vagina propiamente dicha. Por lo general, las personas que entendemos el proceso de una vaginoplastía, o una cirugía de reasignación de género, comprendemos que los ovarios cumplen una función igual o similar a la de los testículos, al igual que la glande y el clítoris, el pene y la vagina, y (en términos erógenos) el escroto y los labios vaginales.

Por lo tanto, las únicas diferencias que existen entre éstos aparatos se reducen a morfología y respuesta hormonal; y gracias a su similitud, está dentro de las posibilidades de las personas trans las cirugías de reasignación de género hace, casi, ya varias décadas. Por lo tanto, no resulta para nada descabellada la idea de una transición orgásmica y de un sentimiento de cambio sexo-físico en la genitalidad durante la transición.

En detalle, cuando hablo de una transición orgásmica, hablo de un cambio sexo-sensorial que consiste en pasar de percibir un sentimiento de placer genital (en el que su mayor auge es gracias a un líquido eyaculado) por unos cortos segundos, seguido de un sentimiento de homogéneo placer y serenidad corpórea, a un sentimiento de placer que para que dé lugar a ser alcanzado se depende del contexto en el que el mismo está sometido. Pero en definitiva esta nueva clase de orgasmo femenino no solamente se limita al placer genital como en el anterior, como en el masculino, sino que conlleva un sentimiento erógeno en la mayor parte del cuerpo de manera mucho más tridimensional y consistente. En cierta medida el orgasmo femenino se concentra más que nada en la estimulación del clítoris o el glande, que puede ser alargado y explorado a gusto. Con esto me refiero a que literalmente, se puede seguir y seguir hasta el cansancio, a diferencia del masculino, en el que el cuerpo decide por unx mismx cuándo termina esa sensación de placer.

El proceso para llegar al mismo no cambió mucho del proceso original de hace un par de años atrás, cuando las hormonas que estaban en juego eran distintas. Las herramientas que usamos, y dónde y cómo las usamos, son solo una preferencia personal, pues la alternatividad del procedimiento no influencia en las posibilidades, probabilidades y oportunidades de llegar al punto de inflexión.

Por sobre todas las cosas, lo que busco de toda esta exteriorización y este vuelque de experimentaciones en torno a orgasmos trans-adolescentes es generar una reacción con el fin de que la sexualidad trans, adolescente y femenina deja de ser un tópico borde del que siempre se evite hablar; y las que osen hablar de él sean unas locas atrevidas. Seré loca y atrevida, pero si hay algo que no hago es servir la sidra caliente. No tenemos miedo, y la desigualdad de género la vamos a derrumbar uno por uno. Soy mujer, soy una mujer trans, soy una mujer trans adolescente, soy feminista y, sobre todo, estoy absolutamente empoderada, y no me avergüenza empoderarme de mi sexualidad, mis orgasmos y mis experiencias.

Porque mis vivencias están escritas de arriba a abajo en mi inherente existencia transfeminista; y espero, dejar declarado mi derecho, y el derecho de todes, de mostrar nuestras escrituras inherentes y reivindicar nuestra libertad sexual fuera de los parámetros del sistema patriarcal.