Demon City: el manifiesto poético sonoro de una artista transformadora

Elysia dice que es un cheje: un pájaro carpintero, un eslabón de una cadena manchado con un tinte imperialista e indígena a la vez. De ahí sale su arte y su manifiesto, una mujer trans americana y aymará a la vez, que logró encontrar su voz entre todos sus linajes, tan heterogéneos y unidos por la historia al mismo tiempo. Elysia Crampton es una productora nacida en California pero con herencia boliviana que utiliza la música como un lenguaje sanador para reconstruir las narraciones de nuestra historia.

texto/ Mercedes Galera 

traducción / Carmina Arédez

elysisaEn julio de este año, publicó su segundo disco, Demon City, y la sonoridad que lo atraviesa puede enmarcarse dentro de la música electrónica, con un sonido que es difícil de describir o categorizar, pero que definitivamente contiene la intensidad de quien intenta conocerse a través de la música apropiándose de ese lenguaje: Elysia transmite en Demon City aquellas historias orales de su herencia tanto latina como americana, que sobreviven a las fronteras de los estados-nación y a los mecanismos de eliminación de los procesos de colonización.

En un manifiesto poético sobre su disco, Elysia lo ubica dentro del estilo Severo, definido como

“una acumulación o crecimiento, un proceso en marcha de devenir-en, posible gracias a las redes de familias y comunidades que han inspirado y sostenido nuestra búsqueda de supervivencia colectiva, de justicia transformadora”. Revista Ramera pudo hablar con ella para entender más cómo hizo para devenir en ella misma y conectar así con su herencia boliviana y su historia inmigratoria.

R: La geografía de tu historia de vida aparece en tu música. ¿Cómo fue el proceso de mezclar o fusionar esos sonidos, todos distintos entre sí, y convertirlos en Demon City?

E: Estaba pensando sobre la profundidad del tiempo y de las historias orales y aquellas cosas que continúan sucediendo, que exceden nuestros propios conceptos de historia, y que son continuamente obscurecidas por el horizonte colonialización.

R: Todas las canciones de Demon City son producciones hechas con otrx artista ¿Vivís las colaboraciones musicales como una filosofia de colectividad?

E: Lxs colaboradorxs que aparecen en el álbum siempre estuvieron involucrados en mi trabajo de una forma u otra, desde que empecé a experimentar con música. La filosofía y la teorización siempre vino a partir de la práctica, no antes. La emoción y el deseo de tocar y ser tocada, una necesidad de conexión, de hacer que esta vida tenga sentido, siempre han sido mi primer impulso: antes que la filosofía, antes que la especulación, antes que la gramática y antes que la palabra escrita, antes que cualquier objeto de teorización sea producido. Yo soy consciente de que mi habilidad para teorizar es cruda y limitada, porque me falta educación y soy desordenada. Sin embargo, abrazo ese desorden y ese uso del lenguaje que quizás invite a aquellxs que sí tienen la habilidad necesaria para comprometerse de forma inteligente con la música y pueden construir sus propias teorías sobre ello, y de esa manera podamos construir un futuro juntos, uno que no podría construir sola.

R: Sos mujer trans aymara, boliviana y americana, ¿Qué tensiones internas o externas tuviste que equilibrar? ¿Fue la musica el lenguaje que encontraste para atravesarlas?

E: Sí, la música ha sido mi lenguaje para lidiar con el trauma y las difíciles verdades de la realidad y la sociedad en la que nací. Aprendo nuevas cosas de los sonidos que produzco, es un proceso de educación, una historia oral alternativa que va más allá que mi propio estado de sanción de indigenismo e identidad. Creciendo en América estaba perdida, porque mi familia aymara había renunciado demasiado a sí misma para poder sobrevivir; sin embargo ese origen aymara me marcó para el mundo, me coloreó, me dio forma.

Mi familia, ni siquiera viviendo en Estados Unidos podía comprender o conectar con mi rareza dentro de ese horizonte limitado de la modernidad. Y por el contrario, regresar a Bolivia, donde fui aceptada por mis familiares nativos (tal cual como era: travesti, marica, quewa, etc) y aprender del legado queer pre-colonial de las personas aymaras, como por ejemplo mis amigos del colectivo TLGB, todo eso me permitió reparar el daño y la violencia colonial interiorizada durante décadas por mi familia estadounidense y por medio de los sacrificios hechos por mi familia inmigrante aymara. Claro, esto no quiere decir que no haya violencia anti-trans y homofobia en las comunidades aymaras de Bolivia. De hecho en el altiplano, el patriarcado y las ideas del folklore indígena creadas por el Estado, oscurecen el espectro completo de nuestro poder como gente rara, indígena. Algunos originarios dirían que mis abuelos fueron “malos indios” por viajar a otra nación, ya que tal movimiento pone en conflicto esta noción estática de que un nativo debe permanecer en su tierra y en su traje folklórico.

Créditos: Prensa Elysia Crampton
Elysia Crampton Presents: Demon City Timeline (2016)

R: En Demon Days Retomás la figura de lucha de Bartolina Sisa, ¿Qué representa su historia para vos, a más de 300 años de su lucha?

E: Esa es la cuestión, su lucha aún continúa, la misma no terminó con el descuartizamiento de su cuerpo, porque su obra de liberación permanece sin terminar. Esto es lo que el Che Gossett llamaría “becoming-with” (“devenir-con” o “convertirse-con”), como el proyecto inacabado de la Abolición, una abolición que se extiende por las fronteras coloniales de los estados nacionales y continentes. La posibilidad de alcance que tuvieron Bartolina y su pueblo, sus conceptos de libertad y dignidad, fueron formados por el resto de los siglos de ocupación colonial que les precedieron. Es parte de mi trabajo continuar radicalizando nuestras nociones del “being-with” (ser-con) y del “becoming-with”, como así también nuestras nociones de estar juntos y vivir juntos en este mundo, no sólo entre los seres humanos, sino entre todo lo que hace al universo, a la pacha. Este es el trabajo inacabado de la abolición, que es a su vez una continuación de la llegada.

R: ¿Considerás que en tu trabajo hay un acto político de activismo queer?

E: Creo que mi punto más fuerte se ha dado siempre cuando no soy intencionalmente política, cuando no estoy tomando la bandera de “activista” e intentando enfrentar al Estado directamente. A veces tenemos que aparecer cuando el Estado nos pide que lo hagamos, pero hoy en día con todas las paradojas trenzadas de la vida colonial, tenemos que tomar decisiones calculadas para sobrevivir y asegurarnos de que el archivo continúa en la cara de aquellos que lo borrarían de la tierra. Es un dilema complicado, una narración que tenemos que descubrir y crear en simultáneo. Mis límites en el lenguaje no me permiten explicar este punto como quisiera, que frustrante! Mi capacidad para teorizar, por no hablar de mi propio trabajo, es cruda y limitada porque nunca terminé mi educación. Sin embargo, me empujo a teorizar como un medio para invitar a los que tienen una mejor capacidad para hacerlo. Trato de inspirar a los pensadores inteligentes para que participen de mi trabajo, porque todavía creo que la música es uno de mis lenguajes más fuertes, definitivamente mejor que mi inglés, castellano o aymara!

R: Hace poco, la ministra de seguridad de Argentina presentó un proyecto que recrudece las políticas contra la inmigración ilegal. Teniendo una historia de inmigración, ¿De qué manera crees que podemos resistir a este tipo de políticas?

E: Me enteré de esto. Es importante comprender que estas clases de detenciones no están separadas del ámbito industrial de las cárceles, en todo caso son parte. Esta es la razón por la que la solidaridad internacional es tan importante en estos tiempos, como se nos ha enseñado (al menos en la política estadounidense) para atraer a la reforma local en lugar de un cambio sistémico. Pero la reforma es importante también, porque las vidas están siendo afectadas en este momento, hay vidas en juego ahora mismo.

El complejo industrial de las cárceles va más allá de las prisiones en sí mismas, es el gran conjunto de instituciones como las escuelas, hospitales, bancos, áreas cívicas, fronteras, puestos de control, ejércitos, porque el imperialismo se internaliza a través del sujeto soberano, tanto inmaterial como material. La resistencia se da de muchas formas, nunca hubo una única manera, es por esto que todos tenemos que participar, porque cada uno de nosotros tiene algo que ofrecer para la liberación. Están los que son mejores en la organización local, los buenos con el lenguaje institucional y la ley, también aquellos que son buenos comunicando conceptos difíciles a través de emociones más cercanas, como los artistas, por ejemplo. Es por esto que creo que el sitio de la imaginación es parte del campo de batalla, si no podemos imaginar un mundo diferente, ¿cómo vamos a llegar allí?

R: Última pregunta, ¿de dónde sos?

E: Al contrario de lo que la prensa dice de mí, yo no nací en Bolivia! nací en Riverside, California, en el Inland Empire. La familia de mi madre se trasladó a Barstow después de dejar La Paz. El paisaje es muy similar a la provincia de Pacajes, de donde es la familia de mi abuelo (mi abuela es de Sud Yungas). En Riverside, hay en curso un legado muy fuerte de resistencia queer y anti racista, lo que me hace sentir muy orgullosa de dónde vengo.

Soy un cheje (especie de pájaro carpintero o eslabón de una cadena) manchado con el imperialismo y lo indígena, al mismo tiempo. Mi conciencia, mi voz, salen de la paradoja de esas dos cosas que viven juntas, lado a lado, pero que nunca se sintetizan o asimilan, en todo caso se mezclan en una sola. Decir la verdad acerca de este tema es un conflicto que me dedicaré a aprender a comunicar toda mi vida.

Voy a tratar de aplicar la doble nacionalidad cuando vuelva a La Paz en noviembre, donde probablemente voy a vivir en el futuro previsible.