Escritos y pensamientos de una pendeja trans de dieciséis años: ramera style

por / Carolina Unrein

Es una tarde de domingo. Hace cuatro horas me senté en la computadora a hacer los tres trabajos prácticos que tengo que entregar mañana, que tenía que entregar el mes pasado. Procrastinación de por medio, me pongo a ver videos de drag queens porque es lo único que llena el vacío que el aislamiento y la soledad dejaron. Me levanto, me voy al patio. Mi abuela está hablando por teléfono, recibiendo un feliz cumpleaños atrasado. Mi hermana está en su habitación leyendo una novela en pdf a la que nadie más que a un montón de mujeres despechadas le interesa. Me siento en el patio, en el pasto. A dos metros está mi gata, recostada, disfrutando de los primeros indicios del calor. Y debajo del limonero, mirando al cielo, es cuando empiezo a tomar dimensión de todo lo que pasó en los últimos meses, y especialmente en las últimas semanas; sentirme una boluda, ser engañada, darme cuenta de que lo estaba siendo, terminar hablando con quien me estaban engañando (sobre todas las mentiras que nos dijeron), y descubrir una vez más que el amor es una cagada. Experimentar en carne propia que te rompan el corazón. No por primera vez, pero si más feo que nunca.

Miro hacia abajo y ahí está. Mis shorts y un escroto peludo asomándose por mi ropa interior que no tenía ganas de ser guardado y escondido como yo le había adjudicado. Y no puedo dejar de pensar que es por culpa de él, o es culpa de mis piernas, o de mi panza, y demás pensamientos secuelas de mambos que creía ya haber resulto. Intento llorar, pero ya no me sale. Ahora es solamente frustración pura. Estoy pelada, brotada y estresada. Se me cae el pelo, me salen granos y tengo toda la nuca dura, como su cara. La de él. La del que vió llorar y miró a los ojos y mintió igual. La del que dejó que hubiera ataques de ansiedad y llantos y lo dejó pasar igual, porque lo que menos le importó fue calentarse en lo más mínimo para arreglar las cosas. La del que me tocó por primera vez y me hizo sentir querida, amada y deseada. Y usada. Y basura. Una basura más del montón.

 

 

 

Tengo la panza hinchada de intentar ahogar todo con mate. Tengo las tetas adoloridas de querer cambiar mi cuerpo para mejor. Y tengo las bolas por el piso de sentirme mal. Tengo ganas de llorar, tengo ganas de vengarme, tengo ganas de no tener más responsabilidades y cambiar de año en cama y mirando Project Runway en loop. Y al mismo tiempo quiero crear algo y seguir con mi vida, porque un corazón roto no debería ser un tropezón para nadie. Ni siquiera para una pendeja trans de dieciséis años.

Y con esta introducción, el corazón recién roto, mi trans-idad y mis cortos dieciséis (pronto diecisiete) doy inicio al espacio que se me brindó en Revista Ramera para escribir sobre los procesos y pensamientos de una persona como yo. Y más específicamente, de mí. En pocas palabras, ¿cómo es el amor para una mujer trans adolescente? ¿qué quiere? ¿con qué sueña? ¿qué idealiza? ¿cómo adolece el proceso de terapia de reemplazo hormonal? ¿cómo lo disfruta? ¿qué la hace feliz? Son preguntas que la gente se hace y que nadie puede responder. Bueno, algunas sí, pero no tan concretamente. Quiero usar y aprovechar esta plataforma como un registro de distintos acontecimientos que puedan ir transcurriendo en el futuro. Un registro de como el contexto político y social actual interpela a una adolescente trans. Como se siente. Y como se siente un retraso en la llega de mis bloqueadores de testosterona, como se siente usar traje de baño, como se siente un espejo. Porque mi identidad, mi autoestima y la imagen que tengo de mi misma también está condicionada por posicionamientos meramente políticos.

Hola. La radio está buenísima.

xx

Caro.-