Recorrer para cartografiar, los caminos de los cuerpos

Reseña de la tesis de doctorado “Identidad y cuerpo. Auto-percepciones de sujetos no conformes al género” del Doctor en Psicología Ariel Martínez. Presentada en 2015 en el marco del Doctorado en Psicología de la UNLP.

texto / José Manuel Villarreal

ilustración / Julia Ivorra

 

Reseñar una investigación es hablar sobre hechos consumados, sobre una trayectoria singular y compleja acerca de un tema de estudio. Es internarse en una profunda concepción ajena tratando de hacerla propia. Esfuerzo de apropiación que es el paralelo de la investigación cualitativa. Es la empatía la que garantiza la calidad de una investigación en ámbitos sociales y del comportamiento, afecto que acompaña el camino que los sujetos nos proponen sabiendo que ellos son los expertos en el tema, quienes experimentan aquellos procesos que nos interesa investigar. Y el investigador acompaña y busca. Recorre en compañía y su novedad será el producto de dicho camino. Se apuesta a comprender el constante devenir de los sujetos en contextos actuales, donde afloran nuevas formas de ser y estar en sociedad que escapan a lecturas sustancialistas. Se merecen enfoques en inmanencia, que solo se lograrán en este esfuerzo de acompañamiento como máxima al investigar sujetos en cultura.

Valga esta aclaración para comenzar esta reseña, que versa sobre la tesis que representó el acceso al Doctorado para Ariel Martínez. Titulada “Identidad y cuerpo. Auto-percepciones de sujetos no conformes al género”, busca la singularidad de la identidad sexual encarnada en cuerpos interpelados desde múltiples encrucijadas (Martínez, 2015). El autor denota esta faceta itinerante en su búsqueda, acompaña a sus sujetos entrevistados escapando de interpretaciones preconcebidas. Se mantiene como premisa fundamental el interjuego entre marcos teóricos e investigación de campo, donde el resultado es producción novedosa de teoría en situación. Creación en pos de pensar los dos ejes estructurantes de la tesis: la identidad de género y el cuerpo en la actualidad. Al evitar paralelismos, contradicciones, superaciones dialécticas y todo tipo de relación supuesta con anterioridad, el autor hila ambos conceptos desde la novedad. Partiendo del entrecruzamiento crítico del psicoanálisis norteamericano, el feminismo psicoanalítico norteamericano y la teoría Queer, se nos acercan discusiones teóricas propias del contexto particular donde surge la categoría de género. Este análisis genealógico muestra la evolución de la categoría de género en torno a la identidad sexual, decantando en un tratamiento que plantea al sujeto articulado por elementos netamente discursivos. De aquí la necesidad del autor de proseguir su indagación teórica en torno al cuerpo concebido como un catalizador fundamental en la construcción de la identidad sexual. Se trata de lograr mantener cierta distancia con la idea de una identificación netamente librada al juego normativo. Aquí la temprana obra de la fotógrafa Cindy Sherman posee un gran poder heurístico al “confrontar un modelo teatral de identidad voluntaria y libre con un modelo que concibe la posibilidad de improvisaciones en un campo de restricciones constitutivas” (p.15). En sus inicios la fotógrafa experimenta desde los clichés femeninos, exaltando ciertos rasgos y actitudes que apabullan con los posibles rostros y cuerpos que imagina y recrea a partir su propiaimagen. La pose es un artificio y a la vez una verdad donde la identidad ya no es un solamente un sedimento disciplinario sino una improvisación exaltada desde la materialidad de los cuerpos.
Este movimiento crítico de constante revisión permite alejarnos de toda naturalización biológica o social en torno a la identidad sexual y al cuerpo, para concebirlos como construcciones discursivas con diversos grados de sobredeterminación y fluctuación. Así las referencias teóricas permiten montar un bosquejo propio, que apunta enriquecer la mirada de la teoría Queer desde la concepción del cuerpo como agenciamiento, potencia de enunciación novedosa y apasionada, creación constante de nuevos interrogantes que nos interpelan hacia nuevos usos. Es así que Ariel Martínez nos invita a no perder de vista el andamiaje de lo discursivo a través de aspectos materiales que exceden la dimensión narrativa.
En este camino el recorrido teórico es el correlato para un abordaje empírico, que busque indagar los modos en que sujetos no conformes al género se auto-denominan, desde que categorías propias y sentidas construyen sus territorios cotidianos y, fundamentalmente, qué lugar ocupa el cuerpo en estas autopercepciones en torno al género. Aquí se trata de la identidad en nuestros cuerpos, haciendo hincapié en un recorrido histórico que cartografiará mapas de múltiples entradas para representar dicho camino. La construcción será diacrónica y virtual, donde la subjetividad se pondrá en juego en un recorrido itinerante que es el acto de investigar. Perspectiva donde lo biográfico pasa a primer plano, dejando que emerjan las particulares construcciones que cada sujeto se hace, pivoteando entre las determinaciones discursivas ligadas a lo normativo y las líneas de fuga que implican novedad en cuanto a la institución de nuevos imaginarios y modos de ser. Se ve como la búsqueda se da en la línea de “una fina percepción de la multiplicidad, una fina percepción del cual y del cuanto” (Deluze, 1987: 45). La intención es determinar los usos de las categorías autopercibidas, cuales son dichas categorías y cuanto subvierten o condicionan los marcos normativos y disciplinarios. Se podrá apreciar así en qué medida los sujetos cuestionan el binarismo que clasifica y encadena mediante clasificaciones exhaustivas y como el cuerpo se amolda o subvierte dichos dispositivos.
La noción de cuerpo es la que permitirá insertar la novedad, el autor deja entrever como busca delimitar la singular coyuntura donde el cuerpo sirve a la vez de tope y de condición de posibilidad, como constreñimiento normativo y como originalidad inaprensible por cualquier hegemonía, cada cuerpo es el catalizador a partir del cual relacionarse y posicionarse subjetivamente. Es que los cuerpos denotan la ideología en sus posicionamientos, gestos y prácticas cotidianas (Zizek, 2003) y al interpelar dichas cristalizaciones, el género aparece como un concepto vivo, susceptible de echar luz sobre las sexualidades actuales desde la potencia de la novedad, escapando a enfoques etiológicos y taxonómicos. Aquí cabe resaltar el uso de la categoría “no conformidad al género” como descriptor fundamental de la unidad de análisis que se construye para el diseño de investigación. Al ser una categoría que se asienta en un sentir desde lo afectivo, no preconcibe nominaciones sino que busca delimitarlas in situ, siendo un punto de llegada más que un punto de partida.
Esto impacta recursivamente a nivel teórico, los debates en torno al concepto de identificación se reabren y cobran vital importancia, en tanto que las identidades pivotean entre una interiorización de la norma y una multiplicidad en constante devenir sobre infinitas facetas del campo social. Será este el espectro que Ariel Martínez analice, delimitando la singularidad de los movimientos de los sujetos investigados entre ambos polos. Flexibilizando y amoldando los conceptos teóricos, no es azaroso que se haya valido de la tradición metodológica de la “teoría fundamentada en los datos”. Perspectiva que legitimó la investigación cualitativa a mediados del siglo XX (Soneira, 2006), mostrando cómo una comparación constante entre pocos casos iluminados por conceptos-herramientas en constante reformulación crean condiciones propicias para crear teoría desde mecanismos inductivos. Y esta es la intención del autor, sobre el final de su tesis las novedades teóricas afloran producto de una atenta escucha donde se delimitan los discursos de los sujetos no conformes con su género. Hay una “paradoja irresoluble” (p.497) en donde la mayoría de dichos sujetos aspira a una coherencia entre sexo y género. Apelan a una lectura esencialista, donde el cuerpo es en última instancia el elemento que otorga consistencia al género en base a una lectura dicotómica: hay una irrenunciable búsqueda de ser efectivamente mujer o varón. Dichos sujetos no cuestionan, en general, las lógicas binarias y normativas, Los cuerpos no logran ser la matriz del género sentido, constriñendo dicha auto-percepción y obturando la emergencia de una experiencia novedosa.
En este sentido la hipótesis fuerte del trabajo se ve corroborada en tanto los enunciados hegemónicos impactan modulando el deseo hacia alguna de las dos categorías delimitadas socioculturalmente. Sin embargo los sujetos atraviesan el camino como una constante búsqueda, donde la noción de “trans” (tránsito) permite el surgimiento de formas agenciales, especialmente en “aquellos casos donde los cuerpos no son atrapados bajo las exigencias de la conformidad, la coherencia y la autenticidad” (p.492). Si bien no superan las categorías estancas en tanto que no se conciben “más allá” del género, el “entre géneros” que representa el tránsito, los enfrenta a la novedad de situarse activamente como sujetos de enunciación. La noción de transito delimita un pasaje que inicialmente desmonta las categorías binarias, desde lo fenomenológico hay toda una constelación de factores que exigen nuevas posiciones. Ariel Martínez habla de la instauración de una “agencia sin sujeto” (p.500): subversión de las relaciones de poder instituidas que determinan al sujeto, para pensar un movimiento que aún no decante en sedimentaciones subjetivas. Sin embargo, en última instancia, siempre se recurren a términos binarios para dar cuenta de aquellos puntos álgidos de las problemáticas que los atraviesan. Parafraseando a Deleuze y Guattari, ([1980] 2002), al primigenio movimiento de desterritorialización como instancia de experimentación activa hacia nuevos horizontes, lo sigue un inevitable movimiento de reterritorialización producto de los equipamientos colectivos de enunciación, los usos simbólicos estandarizados prevalecen por sobre la novedad.
Pero no debemos establecer un corte sincrónico allí donde el hincapié está puesto en la diacronía: el camino recorrido es lo destacable. La noción de tránsito nos demarca un eje longitudinal que delimita una cartografía novedosa: “El mapa es abierto, conectable en todas sus dimensiones, desmontable, alterable, susceptible de recibir constantemente modificaciones. Puede ser roto, adaptarse a distintos montajes, iniciado por un individuo, un grupo, una formación social” (Deleuze y Guattari, [1980] 2002: 18). Este proceso es el que inicia el autor: junto a los sujetos entrevistados se marcan hitos que ayudan a pensar los complejos territorios de la sexualidad en la actualidad. Entre la determinación y la experimentación, entre la suposición y la producción, entre lo binario y la multiplicidad. Si bien no se terminan de hacer estallar las lógicas normativas que encorsetan nuestras sexualidades, se inicia un camino itinerante de indagación sobre las nuevas expresiones sexuales que producirá el efectivo cambio a nivel simbólico y discursivo. Es una empresa a continuar, un cartografiado que se continuará en sucesivas búsquedas. Las prácticas en lo real merecen ser indagadas no como algo exótico y desviado, sino, como nos muestra Ariel Martínez, para fomentar la agencia subjetiva que nos permitirá pensarnos de nuevas maneras.


Villarreal, J. M. (2015). Recorrer para cartografiar, los caminos de los cuerpos. Reseña de Tesis de Doctorado. Palavras. Revista de Epistemología, Metodología y Ética del Psicoanálisis, 1(1), 92-99. Recuperado de www.palavras.com.ar