El hijo salvaje de la TV

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David Bowie ostenta una particular condición: dos anécdotas de su carrera lo ubican tocando los límites que la música encuentra dentro del circuito comercial.

La primera de ellas corresponde a la historia que rodea “Life On Mars?”. La canción fue publicada originalmente en su álbum de 1971, Hunky Dory”, pero el LP no obtuvo tantas ventas como se esperaban. Habría que esperar hasta 1973 para que se editara como single, y para ese momento “Zyggy Stardust“ (1972) ya había llevado a Bowie a la fama.

Los acordes de la canción guardan similitud con “My Way” de Frank Sinatra. Y por una buena razón: en 1968 Bowie había escrito la letra en inglés para una canción francesa llamada “Comme d’habitude”, renombrándola “Even A Fool Learns To Love”. Nunca se editó, pero poco tiempo después el compositor canadiense Paul Anka escuchó la canción original, compró los derechos y la reescribió como My Way. Bowie grabó “Life On Mars?” como una parodia hacia Sinatra, enfadado por haber dejado escapar la oportunidad.

 

 

La segunda anécdota es más reciente. En abril de 2013 Bowie cedió los derechos sobre su canción “Space Oddity” (1969) a un astronauta canadiense que grabó su versión dentro de la Estación Espacial Internacional (EEI), mientras esta orbitaba a 400 km de altura. El video se publicó en Youtube, es decir, en varios países a la vez.

Y la situación se vuelve más revoltosa: según los acuerdos firmados entre quienes conforman la EEI (Estados Unidos, Rusia, Unión Europea, y Japón) la legislación de propiedad se aplica en relación a quién posee el módulo de la Estación donde fue realizado. En éste caso, fue en un sector perteneciente a la NASA (EE.UU), que previamente pertenecía a la Agencia Espacial Europea. El último detalle para agregar es que la interpretación contó con el acompañamiento en el piano de Emm Gryner, ex compañero de Bowie, quien lo hizo desde una estación espacial terrestre en Canadá.

 

El permiso de Bowie a Hadfield duró un año, es decir, en mayo de 2014 fue removido de Youtube (al menos de la cuenta que originalmente lo había publicado). Pero en noviembre del mismo año hubo novedades. Un acuerdo entre las partes, dada la repercusión que había tenido el experimento musical-legal, permitió una extensión de dos años para mantener el video en línea.

En este caso particular el asunto es simple porque el Comandante Hadfield tenía permiso para interpretar y grabar la canción, y la distribución fue completamente terrestre. Hadfield pasó varios meses ultimando detalles con los representantes de Bowie, la NASA, la agencia espacial rusa y la agencia europea. Puede parecer trivial un tema de copyright aquí, pero los anuncios de viajes privados al espacio para turismo y exploración tienen el potencial de generar disputas más conflictivas. Por ejemplo, el Tratado sobre el Espacio Ultraterrestre (ONU, 1967) se aplica a países, pero no dice nada sobre compañías o individuos. En la escuela de propiedad intelectual, seguramente éste sería un problema de lógica que se llevarían como tarea para el hogar.

Usando la parodia, o recurriendo al espacio exterior, ambas historias están cruzadas por un hilo: el de la posibilidad de basarse en lo hecho, para crear algo nuevo.