¡Proletarios del espectáculo, uníos!


Advertencia: si espera de una obra que tras la apertura de un telón se descubran identidades petrificadas, un actor-un personaje, una escenografía que explique y contenga un texto, ¡absténgase del freakshow de Meyerhold!

 

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No hay telón, no hay convención (la única perfectamente legible va a ser el aplauso final); las tablas del escenario del Xirgu marcan un allá arriba y a lo lejos, pero también hay un acá abajo y a los costados que se van a usar a lo largo de la obra.

Al entrar en la sala, más de diez actores y actrices entrenan sincronizada y mecánicamente. Ningún tras bambalinas es posible, porque todo está a la vista: de la desnudez a los overoles rojos, del cuero a los brillos; ropa y carne, sudores y salivaciones. Las acciones y los cuerpos de los actores y bailarines son frenéticos, y los textos, vociferados; no hay lugar para la tibieza.

Chongos, a chorrear.

Esta obra es una licuadora que funciona con electricidad de alto voltaje, por el filo de sus paletas pasan una samba brasilera, varios tangos, cantantes de ópera, artistas de circo, música popular, boxeo, estética travesti, una mujer que anda en patines y la biomecánica meyerholdiana; el resultado es espeso, y la receta: triturar la cultura clásica.

Bienvenidos al freakshow del infortunio del teatro.

 

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¡Camaradas, a las barricadas!

Látigo en mano, el Dr. Dapertutto declama que el teatro es un elemento extremadamente peligroso, más peligroso que un incendio. Los actores tienen que afinar sus instrumentos, deben saber a quiénes se dirigen, y es imperioso tener cuidado para no hacer de un revolucionario un contrarrevolucionario.

Puños en alto, una bandera roja con la hoz y el martillo estampados en brillos dorados flamea entre los obreros del teatro; actores agitadores y futuristas son los responsables de hacer estallar en mil pedazos la banalidad y los espectáculos que son iguales entre sí.

Una obra no debe parecerse nada más que a sí misma.

Para muestra, un botón, y en la mitad del freakshow presenciamos versiones sintéticas de clásicos: aparecen Edipo Rey, Clitemnestra y Electra, y un Othelo de metro noventa, en cuero y con calzas blancas ajustadas, que llora la muerte de Desdémona. A esta altura, la potencia creadora de formas nuevas y el asesinato del teatro representativo y reaccionario son un hecho: queremos más de ese teatro que pueda enardecer a sus espectadores, queremos dejar de divertirnos individualmente como idiotas.

Un estado que no promueve el teatro, clausuras arbitrarias y formas e identidades anquilosadas que se repiten acríticamente son puras semejanzas que coinciden con la realidad. Con un siglo de diferencia, la invocación al director ruso Vsévolod Meyerhold cobra harto sentido.

Nota final: ir a ver “Meyerhold” es descubrir el infortunio de tener solo dos ojos y un par de oídos: hubiera querido ser un pulpo que, en lugar de ventosas, tuviera en sus tentáculos dispositivos sensibles para registrar todo lo que se me escapó.


Ficha técnica: Meyerhold. Freakshow del infortunio del teatro”. Dirección: Silvio Lang. Elenco: Eliseo Barrionuevo, Leandro Bassano, Gabriel Bergonzi, Natalia Faloni, Iride Mockert, Ignacio Monna, Rodolfo Opazo, Cecilia Priotto, Victoria Roland, Vicente Santos, Martín Scarfi, Martín Tchira, Guillermo Vega Fischer y Facundo Vidal. Sala: Xirgu. Espacio Untref.


Sábados y domingos de octubre y noviembre – 20hs. | Teatro Margarita Xirgu, Chacabuco 875, Buenos Aires.

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