Socialero #4

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Lagrono es el nombre con el que, entre amigos, nombramos a las diez manzanas que ocupa la Facultad de Agronomía y Veterinaria de la UBA, casi en el centro geográfico de la ciudad de Buenos Aires. En el devenir que sufren los nombres propios cuando se está entre amigos, “los lagos de Agronomía” se transformó muy rápido en Lagrono. Sí, hay dos lagos adentro de la Facultad de Agronomía, artificiales, más que lagos son unos grandes charcos súper poblados de patos y cisnes violentos. Además hay varios edificios al estilo de campus norteamericano donde se dan las clases, invernaderos, animales de granja y un predio enorme que se usa como lugar de esparcimiento.

Al ser parte de la Universidad de Buenos Aires, una universidad nacional, todo el espacio es espacio público. Además hay una gran ventaja, la UBA es una universidad autónoma, es decir, funciona en paralelo al poder político, por lo tanto las fuerzas represivas del estado han quedado por fuera. Lagrono es una plaza sin policías, sin rejas y abierta las 24 horas del día los 365 días del año. Esto es algo raro en Buenos Aires, donde la actual gestión de la ciudad se ha encargado de enrejar todas las plazas públicas, sometiéndolas a horarios “bancarios”, cámaras de seguridad y operativos policiales insólitos.

Este día de sol, de comienzo de primavera, entramos caminando a Lagrono tranquilos, por la entrada de Avenida de los Incas. Pasan perros y bicis, todos felices, después de un corto invierno (que todos los porteños exageramos) y unas semanas de lluvia que nos obligaron a quedarnos encerrados (de nuevo, exageramos), el día de sol promete. Vamos directo al “sector joven” donde siempre todo promete más. En el camino leo “Fuera Monsanto de la FVET” y agradezco a la militancia universitaria y a sus carteles diseñados con estilos de los ´70. Ojalá salga Monsanto de la FVET y de nuestras frutas y verduras. Pasamos por la pared más linda de Lagrono que quedó fuera del video por su mala calidad. La pared está pintada de colores pastel como tapando una vieja pintada política, parece que de fondo está la cara de Jorge Julio López (uno de los muchos desaparecidos en democracia) después pasamos por la cara de Mariano Ferreyra  (militante universitario asesinado por la burocracia ferroviaria en una manifestación pacífica) dibujada con estilo primer capítulo de los Simpsons, deformada. Pensamos en pobre el que la dibujó y cuando la terminó se dio cuenta que había quedado como el orto, la vergüenza. Igual capaz es un estilo buscado, quién sabe.

Llegamos a donde nos sentamos siempre y en frente tenemos al primer “bebé”. Los “bebés” son pibes de barrio, en cuero, de after, que salieron anoche y siguieron de largo a tomar sol a Lagrono. Otros “bebés” terminaron de jugar el fútbol con sus amigos y vienen a tomar mates o fumarse un porro. Los buscamos y los miramos fijo pensando en lo que ellos están pensando de nosotros, que los miramos fijo. “¿Este puto por qué me mira?”, “uh, pero la amiga está buena”, “qué onda estos quieren joda?”. Por suerte hoy los “bebés” abundan.  Como también nos interesan otras cosas, trajimos libros y cerveza, leemos un poco, tomamos cerveza, vamos a buscar un árbol escondido para mear. Hay grupos de todo tipo, unos practican Yoga, nenes que juegan al Facebook (un juego nuevo que se puso de moda en las plazas), se chusmea mucho.

El calor sube y la gente se empieza a desnudar, por suerte trajimos marihuana. Repito, los bebés abundan. Todo despliega amorosidad y unos perros se olisquean al lado nuestro. Corren y  persiguen a otro perris  por ahí, de dueños diferentes que también disfrutan el parque. Pasan unas chicas vendiendo brownies veganos y ahí es cuando nos damos cuenta que nos olvidamos la yerba. Trajimos el agua caliente, el mate y la bombilla pero nos habíamos olvidado la yerba. Puteamos un rato pero por suerte estamos en una plaza en Argentina, todo el mundo tiene yerba. Le pido un poco de yerba a una familia que estaba cerca nuestro, el tipo me dice “siiiii claro, nosotros también nos olvidamos la yerba y fuimos a comprar una ahí, al puestito, llevá lleva”. Tenía una Rosamonte, bien fuerte y amargo perfecto para la plaza.

Tomamos mates por horas, recargamos el agua en el puestito, comemos los sánguches que compramos en la panadería y pasa el día y pasa el día. Cuando ya empieza a bajar el sol salimos de nuevo por la salida de Av. Los Incas porque parece que por ahí el camino es más corto que saliendo por Arata. A mí me gusta más salir por Arata porque se hace un caminito angosto, como entrando a un boque y tenés que esquivar con la bici algunos árboles. Pero por Av. Los Incas es más corto, caminamos varias cuadras por la avenida como dormidos, agotados del sol y nos separamos en Incas y Triunvirato cada uno para su lado.

 


Originalmente publicado como “Lagrono” en el sitio mexicano Letras Libres.